¿Os acordais cuando se decía que los blogs iban a acabar con el periodismo? ¿Y cuándo decían que el papel estaba muerto? Los vaticinios tienen estas cosas, dices que va a pasar algo y si no pasa quedas fatal. No ha sucedido nada de esto. Es más, desde mi punto de vista, son los blogs los que están empezando a perder la batalla.

Los hay que llevamos mucho tiempo escribiendo en Internet y ya somos como los viejos del lugar. Esos señores que en las películas de miedo dan bastante mal rollo, pero siempre avisan a los jóvenes incautos que no vayan por ahí. La versión digital de Ramón de Pitis, por si queréis un ejemplo más entrañable y cercano. Recordamos cuando todo Internet era campo y está plagado de blogs que surgían como setas. Ahora la recogida de las setas se circunscribe a una zona bastante delimitada. El Soria digital.

No hablo del blog de Carballo que lleva muerto años, pero si que es cierto que la tendencia nos conduce a un presente con menos blogs y más redes sociales. Es más cómodo y rápido leer un hilo de Twitter o ver unas stories en Instagram que leer un post en un blog. También es más sencillo y gratificante para el emisor de esos mensajes. Los ve más gente, llegan más lejos y recibes un feedback casi instantáneo, ya sea en forma de mensaje, me gusta, retuit o lo que fuese… Se están perdiendo los blogs. Empezando por este, mismamente.

Ya lo comentaba en el post anterior, cada vez me cuesta más sentarme a escribir porque no se me ocurre nada que escribir. Aunque en abril y, sobre todo, en mayo voy a tener uno de mis temas favoritos gracias a las múltiples elecciones que hay en España. Mis trabajos de política-ficción volverán a la par que Juego de Tronos y Avengers: Endgame. Y tengo bastantes ganas de ambos eventos. Pero no nos vayamos al futuro cercano y quedémonos con la perspectiva que estaba sacando del mundo digital y el presente de los blogs, por favor. Los blogs están desapareciendo. Algo así comentaba hace un año el bueno de @pixelillo en su blog.

A mi me da una pena terrible. Me gustan los blogs y me gusta leer lo que escribe gente que conozco y me cae bien sobre sus cosas. Ahora todo se lleva a las redes sociales y se queda mucha información en el camino. Ya sabéis, los titulares, la inmediatez y la crispación campan a sus anchas por Twitter. Al menos por algunos, yo intento formarme un TimeLine sin tanto mal rollo y con pinceladas de humor, pero allá cada cuál. Muchas veces acabas en un fregado sin comerlo, ni beberlo.

Una de las razones por las que más me apena este paulatino abandono sistemático de los blogs es por perder esa pequeña parte de independencia que aún nos queda en Internet. Al final, publicar en redes sociales que pertenecen a empresas y estás a su merced y de los términos y condiciones de uso que aceptaste sin mirar es un poco peligroso. ¿Qué pasa si te cierran la cuenta de Instagram y pierdes más de mil fotos que has ido subiendo con esmero? Ya ni te hablo de los seguidores. ¡Anda que no ha habido dramitas de influencers por problemas con sus cuentas! Por eso me gusta tener mi pequeño rincón que se ampara en mis propias reglas.

¿Es más costoso? Sí. ¿Es más lío? Sí. ¿Lo ve mucha menos gente? También. De hecho, si fuese una decisión empresarial, cortaría de raiz el blog. Sí, el SEO y esas mierdas, pero como no vendo nada y no tengo necesidad de posicionarme bien, ¿para qué demonios me sirve estar bien posicionado? Lo veo bastante con la web de ‘¡A La Velocidad Absurda!‘. Creo que soy la única persona que entra ahí. Le dedico mucho tiempo, más del estrictamente necesario. Pico a mano todos los posts que hay escritos, excepto el último párrafo. Me molesto en buscar los enlaces a las recomendaciones. Y todo ello para nada. Al final, las visitas son ridículas y todo el movimiento que tenemos del programa surge de Twitter (porque Facebook e Instagram, ya tal). Pero me gusta que esté ahí. Que quede un vestigio de lo que hemos hecho y si alguien nos busca, que nos encuentre.

Todavía quedan blogs, claro que sí. El bueno de Calvo con Barba sigue escribiendo todas las semanas con unos textos interesantes y bien elaborados. El pájaro de TwittBoy escribe en el de Plataica. Clara Ávila aprovechó el suyo para contarnos noticias personales (aunque no hay un répor de la boda para cotillas, lástima). El mencionado Pixelillo da la turra con sus cámaras en su blog de hace más de 15 años. Carballo abandonó su blog, pero escribe (de vez en cuando) en el que tiene de viajes con Pilar. Dos Mujeres y Un Vestido sigue publicando casi a diario. ¿Siguen existiendo los blogs? Por supuesto. ¿Están en peligro de extinción? Pues un poco también. Cuidemos nuestros blogs, son nuestro pedazo de terruño en el mar digital.