Sí, sí, ya sé, ya sé. Siempre que pongo aquí detrás a intentar escribir unas líneas digo lo mismo. Que tengo el blog un poco abandonado, que voy a intentar escribir con mayor regularidad, que voy a ser más constante. Y eso me dura hasta que le doy al botón de publicar. Supongo que esta nueva intentona acabará igual, pero al menos hay algún que otro post de vez en cuando. Al menos podéis pasar por el Txoko a leer mis maravillosas reseñas culinarias de los lugares que visito. Si bien es cierto que la ausencia total de textos en este blog viene dado por un pequeño bloqueo creativo, he tenido un par de ideas para darle algo más de vidilla estos días de agosto. ¿Por que tengo más tiempo? Pues no, la verdad, pero esas ideas vienen y van y quiero plasmarlas mientras pueda.

En enero cumplí 30 años. Más de un tercio de ese tiempo lo he pasado con este cuaderno de bitácora y con esa identidad digital. Por algo mis nombres de usuario en redes sociales son el título del blog. Y al llegar a los 30 me ha dado por pensar. Sí, sí, ya sé, ya sé. Sé lo que me vais a decir y lo que estáis pensando. «Ay, pipiolo, la crisis de los 40 si que va a ser gorda». «Ya me gustaría verte a los 50, a ver qué haces». «A los 60 si que estás jodido, puto niño». Tenéis razón, sin ninguna duda. Pero que lo que viene de ahora en adelante sea más duro y más jodido, no le resta ni pizca de valor a lo que sucede hoy. Porque el hoy es lo que tenemos y el futuro está por llegar.

Decía que he cumplido 30 . La situación no ha variado mucho, pero empiezo a tener dejes de señor mayor. No achaques. Tampoco es que me vaya a mirar obras (que están entretenidas, ojo). Más bien me siento como el abuelo Simpson, fuera de onda. No reconozco la música que escuchan los chavales (ni ganas), no entiendo sus aplicaciones sociales (Snapchat costó, TikTok ni lo he intentado), me parten el lomo cuando juego en línea a videojuegos de disparos… Cosas de la edad, supongo.

Sigo emperrado en pensar que los blogs son una solución bastante más interesante para el futuro (y como medio de preservar el pasado) que las propias redes sociales. Ya escribí al respecto en marzo, pero mi opinión no ha cambiado. De hecho, se ha vuelto más fuerte e intensa con los meses. Creo que es un error mayúsculo dejar todo tu potencial de influencia en manos de empresas. De Facebook, concretamente, en la mayor parte de los casos. Todo tu trabajo, que lo tuyo te ha costado, se puede borrar de un plumazo. Ya sea porque te han engañado para hackearte la cuenta o porque te la han tirado abajo. Incluso puede que cambien las políticas de la aplicación y lo que antes estaba bien, ahora se debe censurar por algún tipo de moralidad extraña. Ya sabéis que los ofendiditos están a la orden del día. Eso con un blog no pasa. Se cierra cuando tú lo quieras, no cuando el algoritmo decide que no es así.

El caso más claro y reciente que tengo en la cabeza es el de @AlexMarquino, cuya cuenta ha sido suspendida por, en palabras del propio Marquino, llamar «idiota y mendrugo» a dos idiotas y mendrugos en Twitter. Debía de ser su tercer aviso, pero los dos anteriores eran por falsas amenazas de muerte a amigos que la multinacional californiana detectó como comportamiento abusivo. Y como él mismo contaba en sus Stories de Instagram, ha perdido bastante con la tontería. Le tenía cariño a la cuenta y había metido muchas horas (no profesionales) para que ahora, cuatro gatos le reporten y se la cierren. Una auténtica pena.

También tenemos el caso de Youtube. Que ciertos vídeos no se pueden monetizar por tratar temas que a Youtube no le parecen bien. Por ejemplo la Segunda Guerra Mundial. No debe haber mucho problema en vídeos que traten de levantar y enaltecer el fascismo, pero si hablas de nazis (en un contexto histórico y/o militar), olvídate de monetizar esos vídeos. La gente de ‘Academia Play!‘ y/o ‘El cubil de Peter‘ se han quejado de eso en varias ocasiones. Ellos realizan vídeos (muy recomendables) sobre distintos temas históricos, pero los que tienen que ver con Alemania de los años 30 y  la primera mitad de la década de los 40 son imposibles de monetizar. Intentar vivir de la publicidad de una plataforma digital es lo que tiene, estás sujeto a sus caprichos.

Será que me hago mayor y me gusta enquistarme con un tema en concreto. También es posible que esté ya en el punto de «Old man yells at cloud» y este tema sea mi nube (jeje). Sea como fuere, es algo que me llama la atención y me gusta, cada cierto tiempo, volver a ello. Estamos dejando morir a los blogs y son algo muy interesante que puede dar muchas alegrías. Trasladarnos y ceder el control total de nuestras ideas a terceros no es una idea que me seduzca mucho. Si, sí, ya sé, ya sé. Me vais a decir que yo me paso el día en Twitter. Cierto, pero ahí estoy para pasar el rato, lo verdaderamente importante (al menos para mí) lo plasmo aquí. En Instagram en cambio, solo hago publicidad del Txoko (y poco) y lo utilizo, básicamente, para cotillear. No creo que haya dejado grandes ideas, ni comentarios dignos de transcendencia en Twitter. Mucho gif, mucha broma, mucha interacción y poco contenido relevante. Eso es lo que son las redes para mi. En cambio, un blog ayuda a ahondar en los temas y reflexionar un poco sobre ellos. Por eso, deberíamos volver a llenar nuestros blogs de contenido y revitalizarlos un poquito. ¡Reivindiquemos los blogs! Supongo que al acabar este texto se me pasarán las ganas y habrá que esperar otro par de meses para volver a ver algo aquí escrito. Espero que no suceda, pero no prometo nada.