Llevo unas cuantas semanas jugando a diario varias partidas al Slay The Spire. Es un juego que me ha tenido enganchado un buen rato en este confinamiento y sigo jugando bastante. Se trata de una mezcla de géneros bastante interesante y bien equilibrada. Combina un estilo roguelike (cada partida es única, empiezas de cero y siempre igual), RPG (tu personaje progresa y puedes decidir cómo es esa progresión) y cartas (el sistema de combate se basa en cartas de ataque, habilidad y poder). Según vas escalando pisos y enfrentándote a enemigos vas mejorando tu baraja y, en general, tu personaje. Hay tres formas de mejorar en el juego: las pociones, las cartas y las reliquias. Las mejoras de las pociones son inmediatas y se consumen en el momento. Son útiles, pero de un solo uso. A pesar de ello, te pueden salvar el culo más de una vez. Puedes ir eligiendo qué cartas meter en el mazo o mejorar las que ya tienes (algunas vienen mejoradas). Así te haces el mazo en base a lo que te gusta e interesa y puedes jugar de una manera u otra con un mismo personaje.  Por último están las reliquias. Son mejoras permanentes que, en algunos casos, pueden venir una contrapartida negativa. La mezcla de todos estos factores genera un juego muy interesante y que, si podéis, deberíais de probar. ¿Y qué coño tiene esto que ver con TikTok? Paciencia amigos.

Digo que estoy muy enganchado a este juego y ya he empezado a visualizar las cosas en clave del Slay. Lo más interesante del juego son las sinergias entre reliquias y cartas. Una reliquia te da más fuerza al empezar el combate y una carta dobla esa fuerza, sinergia. Una reliquia proporciona más daño a cartas que cuesten 0 puntos y tienes una carta que te da tres cartas de ataque por 0 puntos de daño, sinergia. Todo son sinergias. Puedes romper el juego de tal manera que los combates sean solo un trámite. Que seas un Dios entre bichos mientras escalas la torre en busca del malvado corazón. Todo radica en generar buenas sinergias. ¡SINERGIAS, HE DICHO! Y eso es básicamente lo que acabo viendo por la calle (poco, pero salgo a pasear al perro) y en otras facetas de la vida. Me siento un poco como Neo visualizando el código de Matrix. Sinergias. El tomate y el queso sinergizan con la pasta en forma de pizza o macarrones con chorizo (delicioso). Todo son sinergias.

Y las redes sociales no son una excepción. Años llevamos viendo campañas que se realizan en conjunto entre distintas redes sociales. No hay más que preguntar a Facebook qué tal le fue la idea de pagar una burrada de millones por Instagram en su momento. Ahora sinergizan (o eso quieren hacernos creer) con un ecosistema propio. Youtube y Twitch funcionan de la mano para distintos temas. Las redes sociales se benefician de esas sinergias entre ellas dando lugar a contenidos cruzados y virales que pasan de una red a otra sin ningún problema.

Y llegó TikTok. La ¿red social? de moda. No sé ni cómo calificarla. Yo he entrado de culo con la app y ni siquiera me he abierto cuenta. No me interesa lo más mínimo. Tal vez haya llegado a ese punto de señor mayor al que le molesta todo, especialmente las chorradas de la juventud. Sea como fuere, cada vez que veo la marca de TikTok me da especial rabia. Es una aplicación que he evitado, pero que no deja de aparecer en las redes sociales que frecuento. Eso me ha llevado a preguntarme por la conveniencia e interés que traen. ¿Son realmente útiles compartir los vídeos que se hacen en esa red social en otras? En mi caso concreto, ya os digo que no. Me genera una pereza vital la cuenta que las usa que suelo acabar silenciando o dejándola de seguir para no cruzarme con esos vídeos.

Ya digo, es posible que esté en modo viejo gruñón, pero cada vez me molestan más esas sinergias diabólicas. Si no tengo TikTok y no te sigo en TikTok, ¿crees que me interesa saber lo que haces en TikTok en Instagram o en Twitter? Porque en muchos casos la forma de actuar de la gente o de contar cosas en una u otra red social varía y TikTok la acaban dejando para el mamarrachismo. Casualmente suele ser la parte del influencer de turno que menos me gusta conocer. Que se intenta ser espontáneo, pero no dudo que esos vídeos llevan más planificación y ensayos que la mayoría de las producciones audiovisuales españolas en los últimos años.

Como digo (y repito, y vuelvo a decir) es probable que el problema sea mío. En dos fases además, la de no aguantar TikTok y en la de no aguantar el mamarrachismo de la gente. ¿Que debería hacer limpieza en Instagram? Pues sí, muy de acuerdo con eso, pero me da casi más pereza que comerme siete vídeos de TikTok de gente haciendo el canelo. Que será una app (¿red social?) muy divertida y llena de gente con talento, no lo dudo, pero me interesa un pimiento y aquí vengo a quejarme que para eso es mi blog. Aunque lo use poco, tenga poco contenido estos meses (¿años?) y éste sea poco interesante (como TikTok, jeje).

Al menos he podido hablar un poco de las sinergias locas del ‘Slay The Spire’ (juegarral) y desahogarme sobre TikTok, que para eso valen estas líneas. Yo solo espero, por lo que más queráis (y si os interesa lo más mínimo cuidar a vuestros seguidores), que lo que hagáis en TikTok se quede en TikTok y lo disfruten los tiktokers (sigh).