Sí, llevo más de un mes sin escribir un post en este mi querido blog. No por falta de ganas, tengo que decir. Cada día que pasaba sin que se me ocurriera algo decente que dejar a la audiencia me comía un poco el remordimiento y la culpa. No quiero que el blog caiga en el olvido como el de @carballo (EnGeneral) que molaba la vida y dejó de escribir para dedicarse a otros menesteres. El problema es el de siempre, ¿sobre qué escribo? Como tengo tantos temas dispersos por el ciberespacio, se me hace complicado venir aquí a hablar de algo. Antes de proseguir quiero realizar una enumeración de las mandangas en las que estoy metido para que veáis un poco el problema al que me enfrento.

Con esas cuatro temáticas, me quedo sin ideas sobre lo que escribir (y también da un poco de pereza). Al final, el blog se ha quedado en algo más personal, pero tampoco tengo muchas ideas sobre lo que puedo plasmar en esta bitácora en la que llevo tecleando más de diez años (que se dice prontíbiris). Mientras escribo estas líneas, me asaltan algunas ideas que pueden ser interesantes y tal vez les de salida en próximas semanas.

No quiero convertir esto en un diario, porque no es la intención con la que fue creado. Me gusta aprovechar para plasmar mis reflexiones e ideas, pero con la crispación a flor de piel que hay en estos tiempos en Internet y, especialmente, en las redes sociales, no me hace demasiada gracia mojarme en ciertos temas. El otro día pedían la cabeza y el puesto de trabajo de un guionista de ‘Allá Abajo’ por un chiste sobre los andaluces. ¡Guionista de una serie sobre topicazos! El problema es que ya he escrito sobre eso y no me apetece volver a repetirlo. Así que ojo con lo que se escribe que puedes acabar de patitas en la calle o en la cárcel, no vaya a ser que el ofendido (u ofendida, no se discrimina con los sentimientos de ofensa) te meta una bonita denuncia.

En este tiempo de parón en la escritura me he cargado dos veces el blog. También he puesto el https para que Google lo siga indexando, pero creo que no tengo el certificado de seguridad y todo eso sirve de bien poco sin él. El caso es que me dediqué a hacer limpieza de blogs y bases de datos que tengo en la cuenta de Strato (tengo el hosting contratado con ellos) y me cargué, accidentalmente, la base de datos de esta bitácora. Fue la única víctima colateral de la limpia que necesitaba desde hace unos meses. ¡Dios bendiga las copias de seguridad (o back-ups)! Hoy, al intentar escribir estas líneas me he dado cuenta que la tipografía fallaba y he tenido que pelearme con la plantilla y el CSS hasta conseguir que funcionara como yo quería. Ha costado, pero creo que vuelvo a tener esos tipos de letra que tanto me gustaban de en títulos.

Por cierto, he descubierto que la plantilla que utilizo para este blog (Blogy, para más señas) ya no está disponible para descarga en la web donde la compré (por unos 50$). Así que espero que tenga una copia en el disco duro externo, porque ya no puedo volver a descargarla. Me pasó algo parecido con la plantilla que usé para la página web del Alvarito’s Bar. Había desaparecido. Menos mal que guardé copia de ella. ¿Por qué impiden que pueda volver a descargar algo que ya he pagado? La licencia especifica un único uso, pero es posible que la haya perdido y/o borrado. O la quiera reutilizar para otro proyecto… En fin, el mundo del diseño de plantillas de WordPress es fascinante.

Con la tontería, el contador de palabras se acerca a las 700. Google suele recomendar una extensión mínima de 300 palabras para los textos de Internet. Al menos eso es lo que me chiva el plugin del SEO (al que tan poco caso hago, pobre). Más del doble de lo necesario según el buscador, no está mal. Sobre todo cuando no tenía nada sobre lo que escribir y no sabía qué hacer. Espero que con la práctica (un poco oxidadillo si que estoy) vaya apareciendo la inspiración y tenga más ganas de darle caña a este, mi querido blog.