Año 2011. Se me cruzó el cable y decidí dejar de seguir a todas las cuentas en Twitter y recomenzar desde cero. Como Dios en el Diluvio Universal, pero sin mala hostia. Lo hice, básicamente, porque me costaba mucho seguir mi ‘timeline’ con casi 2000 cuentas. De hecho, en algunos momentos superaba los dos millares de seguidos en esa red social. No es malo, pero había un exceso de ruido que, en muchos casos, impedía discernir la paja del trigo. O como sea la analogía. Eso sucedió la Nochevieja de 2011. Si os interesan los resultados, también los publiqué. Desde entonces he mantenido mi límite en los 499 seguidos. No hay nada más allá. Y lo llevo a rajatabla. Si quiero meter más gente, tengo que quitar.

A raíz de esta norma autoimpuesta, mi TimeLine es muy poco variable. Sigo a poca gente, lo hago con cuentagotas y si me parece interesante y dejo de seguir con cierta alegría, cuando deja de interesarme la cuenta en cuestión. En eventos como iRedes o Innova Bilbao lo paso mal porque si quiero seguir a gente interesante, tengo que recurrir al unfollow. Además, me gusta tener unos cinco o seis espacios de margen para poder maniobrar. Así, como digo, me cuesta seguir, pero también dejar de hacerlo. Esa fue, básicamente, la problemática la primera vez. Había gente que no quería dejar de seguir y siempre me atascaba en las mismas cifras. Ahora igual, pero con menos gente. De vez en cuando hago ‘redadas’ y dejo de seguir a gente a la que llevo tiempo sin leer o no interacciono.

Así, como digo, mi TimeLine sufre muy pocas variaciones. Tiene un nivel de variabilidad muy bajo y la realidad que puedo observar en Twitter es muy pequeña, pero ya bien formada. Otra de mis locas ideas fue intentar conocer personalmente a cada uno de los seguidos y no fue muy bien (ayudado por la ligera variabilidad y pereza congénita). Todo esto ha llevado a preguntarme acerca de la cronología tuitera de los demás usuarios.

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Sin querer hacer una categorización, están los amigos del #Followback,. Los que te siguen y te dejan de seguir un millón de veces a ver si les sigues. La evolución de estos que cuando les empiezas a seguir te dejan de seguir porque ya han conseguido su objetivo. Los que siguen a discrección. Y después gente más normal. A lo que voy es que la mayoría de usuarios a los que sigo, no creo que hagan una limpieza frecuente de TimeLine y se quedan, casi todos, con la misma mayoría.

Esta es una de las múltiples razones para desechar Twitter como un ‘termómetro’ de lo que sucede en la sociedad. Casi siempre interactuamos con las mismas personas. Nuestros círculos están muy acotados. Tampoco hay que olvidar que Twitter es un nicho y no tiene un volumen de usuarios representativos a nivel de país o sociedad. Ahora mi duda es, ¿para qué usamos Twitter? ¿Está bien renovar el TimeLine cada cierto tiempo y no seguir a la misma gente? Si usas listas, evidentemente, todo esto te da igual.

En mi caso personal (y ya os lanzo la piedra para los comentarios) uso Twitter de manera personal y ociosa. Me siento cómodo en un TimeLine reducido, donde conozco a casi todos los que habitan en él y sobre qué hablan, dónde meterme y por dónde no tirar en algunos casos. A mi me gusta tal y como está y quiero que siga así. De hecho, no lo voy a cambiar. Cada vez me cuesta más deshacerme de ciertos usuarios porque me interesa lo que dicen e interactúo mucho con ellos. Así que mientras tenga hueco seguiré renovándolo moderadamente, porque la base de mi Twitter está en unas 450 cuentas.