El bombazo informativo de la semana (como mínimo) es la compra de Whatsapp por parte de Facebook. La red social azul de Zuckerberg se ha dejado un porrón de millones en la aplicación de chat. El baile de cifras es amplio. Todos están de acuerdo en que la horquilla está entre diez mil millones y veinte mil millones de euros. En dólares también anda por ahí. No nos ponemos de acuerdo. También se afirma que solo hay un 25% en efectivo, el resto va en acciones. Como en el capítulo de ‘Los Simpsons’ en el que Bart vende Papá Rabioso a un portal de Internet.

Foto de ABC. Para que digan de Google News.

Foto de ABC. Para que digan de Google News.

Con la noticia, ya han salido muchos haters que piensan salir pitando de Whatsapp para acabar en Telegram. Mi pregunta es, ¿por qué? Exactamente lo mismo que cuando Facebook compró Instagram. Me cansa un poco este tipo de actitud. ¿Cuál es el problema? ¿Acaso Google no revisa tus correos para meterte publicidad en base a lo que hay? ¿Twitter no es una malvada empresa que cotiza en Bolsa y vive de tus datos? No solo me parece una chiquillada, me parece un poco hipócrita.

Desde hace unas semanas estoy utilizando mucho más Telegram que Whatsapp, pero no tiene nada que ver con los dueños. De hecho, no sé por qué, unos rusos millonarios y simpáticos no me dan más ganas de confiar que los americanos de Facebook. Tiene que ver por la utilidad. La posibilidad de utilizar Telegram en el iPad o en el ordenador y no depender del móvil para Whatsapp es lo que ha acabado de decantarme. También que las personas con quién más utilizaba el chat móvil se han pasado a la idea de los rusos.

Llevo tiempo diciéndolo. La privacidad de las aplicaciones no me resultan demasiado importantes. No suelo comentar temas demasiado importantes o interesantes. ¿Ese es el problema que tienen algunos con la compra de Whatsapp? No creo que haya ingenieros de la empresa californiana investigando cada línea de texto que has mandado para investigar tu vida privada. Si bien, a saber lo que hace Facebook con Whatsapp, sigo sin entender la psicosis generada tras la compra.

¡Y hasta los huevos de los chistes de los cojones, joder!