Una de las cosas más bonitas del periodismo es poder hacer y escribir sobre lo que tú quieras, tener toda la libertad que necesites para trabajar en un tema y hacerlo porque te parece bien, porque te apetece. El problema de eso es que pocas veces es rentable económicamente y, ya se sabe, tenemos la mala costumbre de morir si no comemos. De vez en cuando sucede que no vas a rebufo de los grandes medios, son ellos los que acuden a ti en busca de ayuda. Si tienes la suerte de ser al que llaman, se te abre el cielo, al menos en parte. Eso es, según tengo entendido, lo que le sucedió a Ander Izagirre (Donostia-San Sebastián, 1976. @anderiza). Una llamada de ‘Diario Vasco‘ (mi nueva casa), en 2007, le puso en el camino de realizar una serie de reportajes de excursiones durante el verano. Y eso fue lo que hizo, al menos en parte. La recopilación de veinticinco de esos reportajes, le llevaron a publicar ‘Cuidadores de mundo’, el libro del que voy a hablar hoy.

Los reportajes sobre rutas o excursiones se acabaron convirtiendo en reportajes sobre personas, historias de interés humano, con protagonistas de lo más corriente, pero que realizaban una labor distinta a la del resto. Así, Ander, decidió llamarlo ‘cuidadores de mundos’, porque eso es lo que hacían, y algunos continúan haciendo, cuidar su pequeña parcela del mundo y hacer de ella un lugar mejor. Ejemplos hay bastantes; Josetxo Mayor, un jubilado que subre a diario al monte Ulía, cercano a Donosti, a limpiar y habilitar senderos; Pablito Sanz, un vecino de Ázqueta (Navarra), cerca de Estella, que hace y regala varas a los peregrinos que pasan por su casa; Javier Etxepare, un hombre que ha abierto más de doscientas fuentes en los montes de Álava o José Antonio Ballent Urrutia, uno de los últimos pastores trashumantes que sigue haciendo la ruta desde los Pirineos a las Bárdenas, y viceversa, todos los años.

 

Portada del libro. Imagen obtenida de revistaaltair.com

El libro es fácil de leer y entretenido, al ser reportajes publicados en periódico se hacen entretenidos. Es algo que tiene ese género si se sabe llevar bien, que engancha de principio a fin, entretiene y además, si es bueno, educa, casi sin enterarte. De los veinticinco cada cual tendrá sus favoritos, los míos tienen mucha relación con el mar. Se tratan del capítulo 3, que trata sobre la isla de Ízaro y las leyendas que la rodean; el 8, que versa sobre la historia de la trainera y el 10, la lectura de los acantilados de Deba y Zumaia. Pero claro, estos son tres ejemplos, junto con los cuatro del párrafo anteriores, que muestra de qué va el libro. Son historias, algunas humanas, otras no, pero historias al fin y al cabo.

Lo he tenido que leer para la clase de ‘Periodismo especializado II’, como parte de la asignatura. Tras leerlo he conseguido, creo, apreciar y pulir el estilo de los reportajes, sobre todo los comienzos y los finales. Lecturas de este tipo ayudan a mejorar el estilo a la hora de escribir y, oye, se agradecen. También es recomendable como libro de viajes, viajes por Euskal Herria, pero viajes, al fin y al cabo, lo cual no es extraño si vemos que la editorial es Altaïr, una de las mayores librerías de viajes del mundo y que edita una revista de esa temática con ese mismo nombre. A pesar de poder encontrar el libro entero, junto con los reportajes que no recoge este volumen, en Internet, creo que los 12 euros que cuesta son merecidos, más que nada por la comodidad. No es un libro caro y es realmente interesante, todo lo que comenta. Para los foráneos es recomendable para conocer otros lugares alejados de los típicos de Euskadi, como el Guggenheim o la playa de La Concha, y para los de casa sirve para conocer un poco más de lo que nos rodea y ver que hay gente que se preocupa por hacer de este, el suyo, un mundo más cuidado.