Me gusta leer, las series y viajar.

Concursante cualquiera en cualquier concurso de la tele.

Parece que viajar se incluye entre las aficiones de mucha gente. Solo hay que ver fotos en Instagram para darse cuenta de que la mitad de la gente que sigues está fuera. ¡Y en agosto es peor! Peor para la envidia, claro. O no tanto… Llevamos tiempo viendo noticias sobre masificación y turistificación de nuestras ciudades. El precio de los alquileres se dispara para poder instalar viviendas de alquiler vacacional que dan más ingresos a los dueños. Los locales de moda están más copados de gente. Es difícil caminar tranquilo por las calles del centro. Son quejas recurrentes que se leen por redes sociales al respecto del turismo, pero a la hora de la verdad, no nos importa tanto cuando los que generamos esas quejas somos nosotros en otras ciudades.

Yo me voy a quitar la máscara y voy a admitir que no me gusta excesivamente viajar. Llevo desde enero sin salir de mi provincia. La última vez que lo hice fue para una comida familiar en la comunidad autónoma de al lado, a menos de una hora en coche. La anterior fue en septiembre a Donosti. No he salido de España desde el verano de 2014. El último avión que cogí fue en septiembre de 2017. ¿Y sabéis qué? ¡No me ha pasado nada! No me muero si no salgo de aquí.

Hay gente que por ética medioambiental decide no comer carne o reciclar, entre otro tipo de acciones de conciencia. En mi caso, he decidido realizar dos acciones para poner mi granito de arena: prescindir del coche todo lo necesario (y lo voy consiguiendo gracias al buen servicio de transporte público de Bizkaia) y no viajar. Lo debería de poner entre comillas, porque algún viaje dentro de España si que haré en algún momento de mi vida, pero no es mi tónica general.

Ayer me topé con este artículo en Vice que refuerza mi argumento y eso me gusta, claro. Mucha gente se queja de las aglomeraciones del Louvre para ver La Gioconda de Da Vinci. Muchos lo hacen después de haber tenido una mala experiencia intentando ver el cuadro. «Es que había mucha gente». Tú incluido, amigo. Los turistas y los guiris siempre son los otros. Nunca nosotros. Nosotros somos inocentes y no tenemos culpa de nada.

Porque queremos verlo todo y fotografiarlo todo. La enésima foto que veo de la influencer de turno frente a la Torre Eiffel de París. Sin subir, por supuesto, que no es gratis. Que hay que ahorrar para seguir haciendo viajes para poder subir fotos y fardar en redes sociales de los viajes. Sí, puede que esté un poco a tope de vinagre últimamente. Y sí, puede que también sean prejuicios que yo tengo al respecto. Pero no me negaréis que hay gente que parte del sufrimiento vacacional lo hace con gusto para poder sufir fotinchis chulis al Instagram (¡sígueme!).

Otro tema también es el de los destinos de moda que comenta Inés Bajo. Todos los años hay destinos como de moda y acabas viéndolos a todas horas en redes. ¿Tal vez sea el momento de limpiar mis seguidos de Instagram para evitar tanta bilis? Islandia, Portugal (todos los años, como menciona), he visto mucho Italia este año… El caso es salir de la rutina y hacerse un viajecito lo más barato posible.

A mi me encanta la zona donde vivo. Getxo y Bilbao me parecen dos sitios increíbles. Las ventajas de una ciudad grande, con las comodidades de una ciudad pequeña. Playa y montaña. Buena tradición gastronómica y bastantes novedades en ese sentido. Un clima agradecido (me gusta la lluvia, ¿qué pasa?). En general, me gusta prácticamente todo de la zona que me rodea. Creo que no me gusta mucho viajar porque lo que veo no me acaba de gustar tanto como lo que tengo en casa.

Puede parecer contradictorio y un poquito hipócrita, pero por contra, me encanta que me visiten. No como atracción de feria, claro. Me gusta que conocidos vengan a Bilbao o a Getxo y poder ejercer de guía. Enseñarles los bares que me gustan, recorrer las calles bonitas soltando explicaciones de tal o cual cosa… Tengo una ruta más o menos prefijada con todo tipo de atracciones que me ha llevado años perfeccionar, pero creo que funciona bastante bien. Pero es otro tema, son gente que me cae bien con la comparto un rato. Además, en esa batalla estéril (porque siempre gana Bilbao) e imaginaria por ver qué ciudad es la mejor, hay que mostrar los puntos a favor. ¿Hipócrita? También puede ser.

Así pues, igual hay que empezar a reflexionar sobre esa no tan sana afición desmesurada a viajar y plantearse ciertos hábitos de consumo. Dejar de consumir plásticos porque estamos jodiendo el mundo está perfecto. También lo está plantearse si es medioambientalmente sostenible coger un avión para pasar el fin de semana en Praga. O hacerte 12 horas de coche para dos días en Lisboa. Se nos empieza a ir un poco de las manos. El caso de la India con una barriada como atracción más turística es solo uno de los síntomas. Evidentemente, esto es solo una pataleta que escribo aquí (y que probablemente continuaré en el Txoko en breve), que cada cual haga lo que le venga en gana, que yo haré lo propio.