Fuente: Reuters-ABC.es

Edurne Bárcenas (@Ebarcenas1)

En la Eurozona hoy en día la moda está dividida en dos estilos: los que son partidarios de llevar cinturón, y los que no. Pero no os creáis que la elección es tan banal, no. En el fondo todo el mundo tiene un ojo puesto en este conflicto.

Por un lado, tenemos a los europeos del cinturón, los de los pantalones ajustados, los que apuran tanto hasta el último agujero que no les queda más remedio que meter tripa, sacar pecho y continuar como se pueda. Y por el otro, tenemos a los que optan más por la goma elástica, los que van con los pantalones bien puestos, los que caminan despacio y con cautela, pero sin llegar a asfixiarse.

Parece que la economía restrictiva y de ajuste de “Merkozy” que ha dominado a los países del euro en los últimos años se encuentra en peligro tras la llegada al poder de un rebelde de la última tendencia en Europa: el presidente socialista francés François Hollande. Y ante el divorcio de la canciller alemana Merkel con el conservador Sarkozy, la señora no ha podido sino ofrecer a este nuevo e indeseado “intruso” una de sus más agrias sonrisas de bienvenida.

Está visto que las medidas de austeridad no han acabado de calar hondo en los ciudadanos franceses. Al 51,6 % que votó a Hollande en las presidenciales, eso del cinturón no les va mucho, les oprime. ¡Pero si el candidato socialista pretende hacer un pacto con sus colegas europeos que una la “necesaria” reducción del déficit con el “indispensable” estímulo de la economía! Se lo han puesto en bandeja. Este tipo nos dejará respirar un poco y además llevará a la Unión Europea hacia el crecimiento, no como la “bruja” de Merkel, pensarán muchos.

Y ya era hora de que viniera alguien que se plantara frente a la canciller y le dijera: “Oye, Angela, se acabó esto del duopolio francoalemán, que ya hemos ‘pasado’ suficiente del resto de países. ¿Qué te parece si los tenemos un poquito en cuenta?”. Y a ver qué responde ella, pues, aunque está claro que impulsar una economía de crecimiento de acuerdo con los consejos del maestro Keynes, como las que está aplicando “el Tío Sam”, es algo necesario y urgente, los conservadores prefieren el control puro y duro del déficit y la deuda públicos. Pero la economía es equilibrio. Es como jugar a la famosa “sokatira” vasca. Hay que tirar del extremo de la cuerda que mueve el dinero público, y tirar a su vez con la misma fuerza del otro extremo que controla el flujo del dinero privado. Y eso es lo que pretende Hollande y, si le dejan, el futuro económico de la Eurozona podría dar un salto hacia la prosperidad que ni Merkel, ‘cinturón negro’ en mano, sería capaz de imaginar.