Una de las aficiones que suelo traer a este blog son las películas. Normalmente no suelo ir mucho al cine, los precios de las entradas, la desaparición de las salas en el centro de las ciudades y mi falta de ingresos son una combinación que provocan mi deserción de las salas de cine. Por ello, intento acudir a ver películas que me interesen, aunque sepa que van a ser malas, sé que no siempre es así. La pasada semana fui dos veces. Un día vi ‘Los juegos del hambre‘ y el otro ‘Los vengadores‘, las dos me gustaron, pero las experiencias fueron distintas.

En uno de los podcasts que suelo escuchar regularmente, ‘Esta peli ya la he visto‘ (de @Adriii y @rrey) comentaban que los distribuidores de Estados Unidos se planteaban dejar utilizar los teléfonos móviles en las proyecciones. Sobre ello ya reflexionaron en ‘Blog de cine‘ y a rebufo comenté en Twitter. De hecho pensaba que ya había escrito el post. Bueno, que me lío. En ‘Los juegos del hambre‘ fui testigo de esas prácticas, llegué a ver a gente que sacaba la cámara de fotos digital y tiraba instantáneas a la pantalla, gracias a Dios sin flash.

Mira que soy tuitero hasta la médula. Mira que me encanta comentar películas, series, programas o partidos en directo. Mira que no me resisto a tuitear casi nada. Y mira que me gusta parlotear en bajito durante las películas (lo sé, me odiáis). Pero nunca se me ocurría ponerme a tuitear en el cine. Entiendo que es divertido hacerlo (y lo hago) cuando hay más gente a la vez con ello. Por eso ver la tele con las redes sociales a mano es tan entretenido, cambia tu visión y comentas lo que sucede con más gente, como si soltaras chascarrillos en el salón de tu casa. Pero en el cine es otra cosa muy distinta. Y no solo por la falta de respeto que es iluminar la cara del vecino al sacar el móvil. Eso, si no vas con un ordenador como el dependiente de ‘La mazmorra del androide‘.

La razón que aducían los exhibidores norteamericanos era intentar atraer al público más joven al cine. El problema es que va a costa del resto de espectadores. No sé yo qué sería mejor. Apuntaba Ramón Rey en el podcast que los fumadores aguantan las películas sin problemas, ¿no pueden hacer lo mismo los jóvenes ultraconectados? Si hasta yo lo soporto sin problemas y apago el móvil cuando empiezan los trailers.

La crisis se está cebando con el cine como con el periodismo. Cada vez se cierran más salas. En Bilbao, sin ir más lejos, solo hay tres salas en el centro: unas en un centro comercial (a la que suelo acudir), otras en un centro cultural y las últimas algo olvidadas. Parte de la culpa la pueden tener los precios, aunque cada vez se hacen más ofertas, sin ir más lejos las dos películas las vi por 8 euros. Ante este panorama, me acuerdo de este viejo post. Creo que la exhibición de películas clásicas podría dar beneficios a los cines. Por ejemplo, yo pagaría por ver filmes como ‘Regreso al Futuro’, ‘Indiana Jones’ o ‘Parque Jurásico’ en pantalla grande. Hay una lista de películas, que para mi son de culto, que no he visto en cine porque era demasiado pequeño o no había nacido y me gustaría disfrutar de esa experiencia. También digo que no sé cómo estará el acceso a esas cintas y su coste, que igual es más caro que un estreno. Pero dedicar una o dos salas a ese tipo de películas podría ser una buena idea.

No hay más que en el éxito de la ‘Phenomena Experience‘ en Madrid y Barcelona. Llenos absolutos y buen ambiente. Dependiendo de los precios, creo que no sería una mala idea reeditar películas míticas en el cine. Creo que iría todas las semanas a ver un película que ya he visto, sin necesidad de tuitearla, aunque lo haría si la diesen en la tele. El cine es una experiencia distinta y se deben respetar sus reglas. Y se está perdiendo. El otro día me quedé flipado cuando vi que había gente que sacaba el móvil para tuitear o mandar mensajes en medio de la película. También estaba bastante abarrotado para ser un miércoles a las siete de la tarde.

Me quedo con la reflexión de la portada de ‘El Jueves‘ que abre el post. Estamos pagando por ver screeners y la experiencia de ir al cine se va devaluando por el comportamiento de terceros. Ya lo apuntaba Santiago hace casi dos años en el post que cito antes: “Creo que no hay nada mas insoportable que alguien con la luz del telefono con máxima brillosidad adelante tuyo en media pelicula”.