Y las luces se apagaron en Dillon, Texas. El 9 de febrero de 2011 se emitió en la cadena de televisión por cable DirecTV el final de uno de los mejores dramas de la pequeña pantalla estadounidense: ‘Friday Night Lights‘. Una serie que nos ha dado de todo en sus cinco temporadas, y ha durado demasiado para lo que muchos apostaban por ella, siempre ha sido minoritaria, alejada del gran público, cegado por otras series con más nombre. FNL tiene un estilo propio, una factura impresionante que la gente se ha perdido, no ha conocido y el encanto de la serie reside en todos los puntos, hilados de maravilla. Partimos de un argumento muy bueno, una dirección magnífica, una fotografía con encanto, distinto a lo habitual, una banda sonora bien escogida y acabamos con unos actores desconocidos, en su mayor parte, pero efectivos, con total libertad para actuar y una química más que evidente. Con ‘Friday Night Lights’ se va una maravilla silenciosa que ha hecho disfrutar muchísimo a sus fans.

¿Y de qué va? Pregunta sencilla, respuesta complicada. FNL es un torrente de sensaciones, que engancha y te mantiene pegado a la pantalla los 43 minutos de cada episodio, todos los episodios de la temporada, hasta llegar a los 76 que tiene la serie. Voy a guiarme por lo que dice la Wikipedia para daros el argumento de este monumento al saber hacer.

Friday Night Lights se centra en un ficiticio pueblo rural de la América media llamado Dillon, Texas, donde el codiciado anillo del campeonato estatal de fútbol americano es considerado el mayor galardón, la mayor recompensa que el pueblo puede llegar a conseguir. Y es que en Dillon, el fútbol americano del instituto no es sólo un deporte, es una forma de vida.

Sí, se trata de una serie sobre un instituto, más bien sobre un pueblo. Y sí, hay football, pero son solo excusas para contar una historia, la historia de Dillon y algunos de sus habitantes. La del matrimonio Taylor, Eric y Tami, con su hija Julie, la de Matt Saracen y su abuela, la de Tim Riggins y su propia autodestrucción, la de los Garrity, la de los Williams, la de los Street. Una serie que empieza de una manera impresionante y sabe cómo narrar, cómo contarte la historia que te quiere contar y que tú le pidas más. Parte importante es la verosimilitud y el realismo del que hace gala. Hay veces en las que parece que no es ficción, que se trata de un documental, por sus planos, sus movimientos de cámara, algunas interpretaciones. Es una serie pasional, aprendes el valor de la amistad, los lazos entre compañeros son más fuertes que sus propios intereses, el deporte redime y ayuda.

Y todo eso se ha terminado, el pasado mes de febrero. Yo lo vi hace dos días y aún sigo con ganas de más, un final perfecto, tal y como es la serie, con pocos reproches, bien cerrada, aunque no lo pueda parecer. Las luces en Dillon se han apagado definitivamente, la serie se ha terminado y los Panthers no volverán a luchar por el anillo. La gran olvidada, la serie que nadie ve, pocos conocen y disfrutan. Con personajes que han evolucionado, han sabido ir y venir, un transcurso como la vida misma, en la que algunos desaparecen, otros nuevos surgen y los antiguos conocidos vuelven a la primera y diez. La serie que algunos predican, porque merece la pena, un ejemplo de cómo hacer buena televisión sin caer en lo mismo, sin bajar hasta la espectacularización de sangre y sexo de Spartacus y ser algo completamente distinto a las ‘idas de olla’ de Lost. ‘Friday Night Lights’ es la serie que más cerca está de la realidad, y precisamente por eso ha terminado. A la gente le gusta verse en la tele, pero no su reflejo, no le gusta la crítica, no le interesa que le expliquen cómo va el mundo, ven para tele para evadirse. Esas eran las armas con las que FNL luchaba, con las que ha arañado las cinco temporadas y con las que ha cerrado.

Como decía Adriii (@adriii en Twitter) las miradas limpias y los corazones llenos no pueden perder. Y no lo han hecho, han llegado a 2011 en plena forma, nos han dejado una temporada para enmarcar, una lágrima con la hora larga de final de serie y nos han hecho disfrutar, emocionarnos y divertirnos con ella. La echaremos de menos. Al menos, siempre nos quedarán los DVDs (si es que salen en España, solo tengo la primera temporada) para poder disfrutar, una y otra vez, de uno de los mejores dramas que ha dado la primera década del siglo XXI. Texas forever.