Como ya deberíais de saber a estas alturas, ayer se produjo un accidente de avión en los Alpes franceses. Un avión modelo Airbus A-320 de la compañía Germanwings, filial de Lufthansa, que volaba desde Barcelona a Düsseldorf con unas 150 personas a bordo. Un grave accidente (como todos los de aviación) que no se producía en la Europa continental desde hace un lustro. Según fuentes oficiales, de los fallecidos (no hubo supervivientes) unos 49 eran españoles. No me quiero centrar tanto en el accidente porque, sinceramente, con este breve párrafo introductorio he dicho lo justo y necesario. No hace falta mucho más. No, yo quiero hablar de la reacción de los medios de comunicación españoles. Otra vez (¿y cuántas van?) no han estado al nivel de exigencia de una tragedia como esta.

Soy periodista, no descubro nada nuevo. Sufro cada vez que los medios no están a la altura de las circunstancias, como ha vuelto a ser el caso. No lo veo tan problema de los redactores o compañeros de a pie (que algunos sí), más bien de lo que les mandan hacer y que acatan para poder seguir poniendo un plato caliente en la mesa. Desgraciadamente, el problema del periodismo es económico. Por una parte los periodistas están atados a ese sueldo para poder vivir (y a veces ni eso) y por otra los medios quieren rascar audiencia, lectores o visitas para poder ingresar más por publicidad. Un círculo vicioso que termina con episodios tan lamentables como los que estamos viviendo desde ayer (y queda).

Me va a costar olvidar cómo abrían ayer los informativos de Cuatro a mediodía. Tras dedicar todo el programa de ‘Las mañanas de cuatro’ al accidente, el telediario de Marta Fernández abría con imágenes de los amigos y familiares de los fallecidos llegando al aeropuerto de Barcelona El-Prat para recibir información. Las imágenes de apertura no eran las del accidente, eran la de los familiares. Desde el punto de vista deontológico es algo de muy mal gusto.

Desde entonces, todos los productos informativos se han dedicado en cuerpo y alma a contar las novedades sobre el siniestro. Declaraciones de fuentes oficiales, la recuperación de una de las cajas negras y la búsqueda de la segunda, imágenes en directo de esa zona alpina donde se arremolinan distintos medios de comunicación… Información de rabiosa actualidad que no deja de ser un puñado de tertulianos habituales (y algunos expertos) charlando animadamente sobre las distintas teorías e hipótesis que manejan (o roban) sobre el luctuoso suceso.

Creo que la gota que colma el vaso la he visto hace un rato. En Antena 3, el programa ‘Espejo Público’, presentado por Susanna Griso, ha mandado a dos de sus colaboradores estrella a dos de los lugares calientes en estos momentos: el lugar del accidente y el aeródromo catalán. Nacho Abad, el maestro de los sucesos, y su antecesor Albert Castillon. Que dime tú qué cojones pintan ellos dos sobre el terreno, pero bueno. Nacho Abad chupando cámara cuando el portavoz de la búsqueda salía a dar información en francés o inglés ha sido uno de los grandes momentos del periodismo en este país. Albert Castillon soltando gilipolleces en una entrevista con un controlador ha sido también momento de gloria. Me he cabreado bastante durante esa intervención, pero (por suerte) ya casi no recuerdo nada.

Pero no solo estamos ahí. El periodismo español, en una muestra de gran labor de investigación, ha vuelto a meterse en perfiles personales de Facebook para mostrarlos en el telediario de máxima audiencia. Ayer terminé por cambiar de canal cuando Piqueras leía el mensaje del familiar de un fallecido en aquella red social. Simplemente repulsivo. Como me comentaron por Twitter, también acecharon perfiles de los propios fallecidos (aún cuando la lista de pasajeros no se iba a hacer pública según la vicepresidenta del Gobierno).

Como decía la ley de Murphy, todo puede ir a peor. Ya comentaba ayer que esperaba que no viéramos informaciones de gente que “milagrosamente” se había salvado de coger el avión. Ya me mostró Carlos (@ElFregonero) que ni de eso nos íbamos a librar en este accidente. Hemos vuelto a repetir los viejos vicios. Información superflua y de mierda para conseguir rascar algo de audiencia y, de nuevo, dejar en mal lugar a la profesión y los profesionales que nos gustaría hacer algo bonito con el nombre que llevamos de bandera. Si nos preguntamos qué hacemos mal en España, este es solo un ejemplo de ello. Un reflejo de la sociedad. Incluyo también los medios que se han hecho eco de los energúmenos seguidores de #myhyv tras los tuits de ayer. 

Tarjeta naranja porque no se les puede expulsar del juego. Una vez más, con una tragedia de esta magnitud, los medios de comunicación españoles (en su inmensa mayoría, que los habrá que no) no han estado al nivel que se les supone a los guardianes del cuarto poder. Me despido con el mismo deseo que pronunció ayer en Twitter Javier Vizcaíno. Que la Fuerza les acompañe porque la van a necesitar. Y un poco de ética y deontología profesional, joder.