Nunca he sido muy competitivo, ni tampoco un ganador. Los concursos siempre se me han dado mal, por ello de manera habitual he dejado pasar ese tipo de competiciones. Más que nada porque siempre hay alguien que te restriegue lo bueno que es en el campo al que tú optabas. El mundo académico y profesional también es así, una puñetera competición donde la gente se mete de leches y tortas con tal de llegar a cierto sitio. ¿Y quién no ha vivido ese momento de que todos los compañeros preguntas las notas? Sinceramente, me da igual, sé que estoy en la carrera para conseguir un título y que mi currículum puede no ser el mejor, pero sé de lo que soy capaz y lo que puedo aportar a una empresa. No me voy a pegar, ni voy a mentir por un puesto de trabajo, ya veré dónde acabo.

El caso es que ni las competiciones, ni los concursos se me dan bien. A pesar de ello alguna vez suelo participar en unos pocos, igual no tanto por el premio, si no por que la empresa o el producto me gusten o interesen. De hecho recuerdo que conseguí 60 latas de cerveza light por cortesía de Estrella Galicia, el pasado verano, al escribir un post sobre su nuevo anuncio. Evidentemente me quedé sin el premio gordo que era un ultraportátil. En Buzz Paradise, con una entrada patrocinada me pagaron 35€, que me sirvió para costearme una cuenta premium de Megaupload y Megavideo. Así que de vez en cuando, llega algo bueno, aunque no suele ser habitual.

Y, por si no lo sabíais, voy a ir a la jornada de clausura del Foro Internet Meeting Point de Gijón el sábado 3 de julio. Las charlas y los ponentes pintan bien y es una buena oportunidad para conocer la blogosfera asturiana que tiene muy buenas personas. Y he ahí donde reside el corazón de este post. El FIMP ha organizado un concurso, de posicionamiento de una marca y el ganador se lleva un flamante iPad. Evidentemente ya sé que no voy a ganar, más que nada porque cualquier blog con un volumen de visitas mayor que el mío (que los hay a patadas, todo sea dicho de paso) me meriendan en un abrir y cerrar de ojos. Con escribir y publicar el post el día antes, lo tienen hecho. Es más, no tenía intención de participar, hasta que he visto la empresa que patrocina el concurso y me ha parecido original y fresca.

Se trata de myspyspot y se trata de una compañía que vigila las marcas y a sus competidores en la Red. Es decir una monitorización de la competencia, para seguirle los pasos y evitar que se te escapen. Algo, repito, original, o por lo menos, yo no lo había visto hasta ahora. En mi cuenta de Twitter suelo ser muy crítico con la publicidad televisiva y puede que herramientas como estas ayuden a revivir la originalidad de los departamentos de publicidad si ven que  ideas originales como el concurso Robertus de cierta bebida, atraen a una ingente cantidad de visitantes. Además, según leo en su web, aparte de la monitorización tienen un servicio que da instrucciones a seguir a las empresas y ente que las lleva a cabo. Un trabajo total de marketing en la Red.

Como ya digo, participo en el concurso para dar visibilidad a la empresa, dar a conocer su producto. Cosa que empezaré a hacer de manera habitual, porque hay muchas y muy buenas que prácticamente no se conocen, ni se tienen en cuenta. Y más trabajando en una start up que trata de empezar y hacerse un hueco. Evidentemente sé que no voy a ganar y que ese iPad no va a entrar en mi casa, pero creo que este post merece la pena. De ahí el título de la entrada, la historia de mi vida, nunca gano concursos, en muchísimos casos por mi culpa, ya sea falta de originalidad, falta de ganas de participar o el derrotismo con el que encaro los concursos. También tengo que decir que los mazazos que me han dado cuantas más expectativas me he creado han sido tan grandes, que quitan las ganas.

Así que eso, a ver qué os parece, si lo probáis, Myspyspot :D