El asunto de la central nuclear de Fukushima ha reabierto el debate sobre la energía nuclear. En este post de hace más de un año me declaré abiertamente pronuclear, lo sigo manteniendo aunque con algunas excepciones. Creo que la energía nuclear es importante e imprescindible en nuestra vida diaria, pero no es el futuro, puede llegar a serlo, pero hoy por hoy no lo es. El principal problema de esta forma de generar electricidad es la nociva radiación y los deshechos que generan las centrales nucleares. El futuro pasa por descubrir una manera efectiva de fusión y así eliminar los deshechos de le ecuación y producir energía barata y prácticamente limpia.

El problema es que hoy por hoy la fisión no es una perspectiva de futuro. Las centrales están cada vez más anticuadas y el final de su vida útil comienza a llegar, por lo que nos encontramos ante la tesitura de qué hacer. Como ya comenté en el post anterior, el 26 de abril de 1986 se produjo la explosión del reactor número cuatro de la central nuclear de Chernóbil, cuyo nombre es central eléctrica nuclear memorial V.I. Lenin, pero ¿sabéis cuando fue cerrada? Pues ni más, ni menos que en el año 2000, en los albores del siglo XXI. Y es que Ucrania ha sido demasiado dependiente de la energía producida en los otros tres reactores de la central y ha necesitado múltiples ayudas económicas para cambiar de sistema de generación eléctrica.

Mucha gente aduce a posibles accidentes como los ocurridos en la citada central ucraniana o lo que sucede en Fukushima. Quiero decir que se tratan de situaciones expecionales, nadie se esperaba que un tsunami de tal magnitud asolara Japón. En el caso soviético, el accidente tuvo lugar por una serie de razones concretas, todas ellas debido a graves errores humanos, el primero de ellos carecer de edificio de contención como sí que tiene Garoña, por poner un ejemplo. De hecho se dice que gracias a ese edificio se ha evitado una catástrofe importante. La energía nuclear es segura en condiciones normales y eso es prácticamente a diario. También existe el peligro que caiga un trozo de cornisa mientras andas por la calle o los viajes en avión. Convivimos con la muerte a diario, todo es potencialmente peligroso en circunstancias excepcionales y no por eso vamos a dejar de usarlo. Muchos antinucleares fuman y eso, a lo largo de los años, va deteriorando el organismo, pero no hay problema, vivimos con ello.

vía Wikicommons de Jose A. Solís

Además, lo atómico no es solo la energía, los hospitales están llenos de material radiactivo, cabe recordar el caso de Leide das Neves Ferreira, que lo explica @kurioso en su blog. ¿Vas a dejar de hacerte radiografías? Yo por mi parte no. Todo se basa en el control y la responsabilidad de quienes manejan los productos. El accidente de Chernóbil fue debido, entre otras razones, a que de las treinta barras de control obligatorias para esa simulación dejaron solo ocho. Claro que existe un peligro, pero con gente lo suficientemente bien formada no hay ningún peligro, para eso son tan seguras las centrales, aunque haya fallos, no suelen alcanzar a la población.

Quiero terminar mirando la imagen que ilustra este post. Se trata de la central nuclear de Lemóniz, a unos 20 kilómetros de mi casa. Esta central se cobró la vida de seis personas, pero no fue ningún escape, ni ninguna fusión del núcleo, fue una feroz oposición a su construcción por parte de ETA (y miles de vascos, aunque, por supuestos, ellos no tuvieran la culpa de las muertes). Se trata del legado de Iberdrola, de su faraónico proyecto de una Euskadi autosuficiente en cuestiones energéticas. Por si no conocéis la historia, la central nunca llegó a entrar en funcionamiento, aunque técnicamente era capaz, y permanece dormida, muerta, en su situación preferente frente al mar Cantábrico. Este reportaje de ‘El Mundo’ lo explica bastante bien.

Creo en la energía nuclear, en su eficiencia y en su seguridad y la seguiré defendiendo, pero no es el futuro, debemos investigar más, ya sea para librarnos de los desechos nucleares o para conseguir alternativas viables y de larga duración que dañen menos el entorno. Mientras, seguiré utilizando mi ordenador, cargando mi teléfono móvil o viajando en el metro gracias a la electricidad que se genera en las centrales nucleares españolas.