Ayer ganó Portugal la Eurocopa. Lo hizo a las afueras de París, en el Stade de France contra la anfitriona del torneo. Un solitario gol de Éder en el minuto 109 materializó los sueños de muchos portugueses e impidió que la final se dirimiese a penaltis. Otro partido más que la selección lusa no ganaba en los 90 minutos reglamentarios y debía de jugarse el todo por el todo en la media hora extra o, en el peor de los casos, desde los once metros. No fue así. Acabó liándola y esculpiendo el nombre de la antigua Lusitania en el Olimpo del fútbol europeo. Una noche en la que, a tenor de la retransmisión de TeleCinco, lo de menos fue el fútbol.

Porque, seamos sinceros, las retransmisiones de la cadena amiga han sido bastante lamentables. Gritos exacerbados, forofismo extremo, tonterías y salidas de tono contínuas, ignorancia… Con un vistazo rápido a Twitter (que no voy a venderlo como la verdad suprema, pero algo deja ver) se observaba una cantidad de gente que pedía a gritos poder ver los partidos sin comentarios, solo con el sonido ambiente. ¡Ojalá! Ya no solo en los partidos de la selección, que parecía que todo España veía una cosa y Carreño, Kiko y Camacho otra totalmente distinta. El resto de la retransmisión ha sido para darles de comer a parte.

Más si tenemos en cuenta que la UEFA ha emitido más de una veintena de partido de primera fase y algunas eliminatorias desde su página web. Una retransmisión bien comentada y llevada. Con unos narradores tranquilos, pausados y poco dados al monguerismo de Mediaset. Algo similar decía Jon Rivas (@jonjrivasa) al respecto de la final del Mundial de 2014, una forma distinta de comentar los partidos en la tele y no ser tan sumamente insufribles.

Periodismo deportivo de amiguetes. Algo similar al capitalismo de amiguetes que tan bien funciona en este país, pero muchísimo más triste. Ese periodismo de barra de bar. Como si del anuncio de Ciudadanos se tratase, pero con Messi, Ronaldo y Griezzman. Esos comentarios como “Ronaldo contra Bale en semifinales” o “Griezzman y Ronaldo reeditan la final de la Champions” no hacen ningún bien al buen nombre del periodismo deportivo. Ya no solo porque todo esté personalizado en los jugadores de la Liga Española, también porque lo reducen todo a eso. No existe nada más fuera de ese espectro de pensamiento.

Una Eurocopa marcada por partidos algo chuscos y sorpresas monumentales como Islandia o Gales. Una Euro que se acabará resumiendo en la lesión de Ronaldo y poco más. Al menos en España. Al menos en los grandes medios. Esa televisión empeñada en dedicar 20 minutos a CR7 lanzando un micrófono a un lago francés o al último peinado de Pogba (porque puede fichar por el Madrid) que a intentar analizar las razones por las que Islandia se ha plantado en cuartos de final.

Me gusta el fútbol. Me gusta el periodismo. Odio el periodismo deportivo que tenemos en este país en los medios de consumo mayoritarios. Como siempre, los ejemplos de nicho como Líbero y Panenka se convierten en la excepción cuando deberían ser la norma. Hay mucho fútbol más allá de Madrid, Barcelona y España. Hay fútbol por debajo de la Liga BBVA. El fútbol es casi una religión en una parte mayoritaria del planeta, pero parece que en este país todo se reduce a Real Madrid y Fútbol Club Barcelona. ¡Y así nos va!