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Este año estoy un poco desconectado del Tour. En parte porque la montaña acaba de empezar, en parte por pereza. Este año no está el aliciente de la lucha entre Andy Schleck y Alberto Contador. Ya he declarado en alguna ocasión que me encanta la manera de correr del ciclista de Pinto. Esa manera que tiene de atacar y cómo resiste una y otra vez los envites de los contrincantes. Lástima de la sanción que le impide correr este año en la ronda gala y en los Juegos Olímpicos de Londres.

También tenemos que sumar las importantes caídas en las primeras etapas llanas y, entre otros, el abandono de Samuel Sánchez, uno de los ciclistas que estaban llamados a luchar por el podio y, quién sabe, por la victoria. De hecho, el equipo ‘de casa’, Euskaltel, se ha quedado sin muchos de sus efectivos más importantes. Una auténtica pena, un clavo más en el ataúd del cuadro vasco, que se duda de su capacidad para renovar la licencia UCI Pro Tour de primer nivel.

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Respecto a lo que ha habido hasta ahora, Sky domina y Wiggings se alza como el líder del Tour a remolque de su equipo. El australiano Cadel Evans tiene posibilidades de ganar su segundo Tour si se mantiene cerca del británico, la distancia no es muy grande entre ellos. En favor de Wiggings hay que decir que se han ganado Tours con menos tiempo del que dispone ahora, pero la carrera es muy larga.

Nibali o Menchov también tienen posibilidades, aunque remotas. Si quieren optar a subirse al podio de París, tendrán que darlo todo en las etapas de montaña y protagonizar buenas y, espero, bonitas etapas y escapadas para intentar entrar entre los tres primeros. El punto positivo es la buena posición de Haimar Zubeldia. El vasco, dentro de la disciplina de RadioShack-Nissan, se encuentra sexto, a poco menos de tres minutos y medio del líder, y se alza como el nuevo ‘jefe’ de su equipo, junto con Monfort, que están poco más de un minuto entre ellos (sexto y séptimo respectivamente).

Queda ver todo lo que suceda en las diez etapas que quedan hasta París. Lo que resta para el final es, sobre todo, montaña. Eso es lo bonito y lo que crea afición a este deporte. Lo que llena cunetas de espectadores y da colorido a la carrera. Los ciclistas tienen puertos duros por delante para llegar hasta los Campos Elíseos de París. Toca ver quiénes llegan y quiénes se quedan por el camino. Y si sobra tiempo, a ver quién se enfunda el maillot amarillo a la sombra del Arco del Triunfo.