La semana pasada falleció el expresidente Adolfo Suárez. De eso ya nos habíamos enterado. Los medios se volcaron con la noticia y ya han empezado las consecuencias. Con el cadáver aún caliente y sin enterrar, el Gobierno de la nación decidió renombrar el mayor aeropuerto del país con el nombre del exmandatarío desahuciado por los que ahora manejan los hilos de la política.

No han sido los únicos. El alcalde de Vitoria-Gasteiz, la capital de Euskadi, ha decidido nombrar la nueva estación de autobuses de la ciudad como “Adolfo Suárez”. Aún en contra de lo que muchos gasteiztarras opinaban en Twitter. En la ciudad se sigue recordando y homenajeando los sucesos del 3 de marzo con Suárez como presidente. Si a Maroto se le ha ido la olla y va a bautizar la terminal de autocares como el abulense, ¿qué va a pasar son el resto? Estamos ante la Suaritis.

Todavía quedan calles con nombres de héroes franquistas que no se cambian a pesar de estar ya en el siglo XXI. Avenidas del Generálisimo, calles a nombre de Mola o Sanjurjo… España es así. Los demócratas de toda la vida no quieren que se olvide que durante 40 años hubo una dictadura, pero aprovechan la muerte de Suárez para sacar pecho.

Es posible que Adolfo Suárez haga como el Cid y gane una batalla después de muerto. La batalla que ya ganó en vida y por la que se le honra estos días. El expresidente consiguió desmontar el Estado franquista desde dentro y reinstaurar la democracia en España. Logró pasar del régimen de Franco a lo que sea que tengamos ahora. La batalla en la que puede salir victorioso tras su fallecimiento es la misma: suceder a Franco.

¿No sería curioso que las calles a nombre de Francisco Franco y sus diversos nicks (el Generalísmo, el Caudillo…) acabasen siendo rebautizadas como Adolfo Suárez o sucedáneos? El lunes, ‘El País’ tituló “el forjador de la democracia”. Título rimbombante, pero chachungo para estos temas. ¿Dónde vive usted? En la calle Forjador de la Democracia, esquina con Super Mario Bros.

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Álvaro Bohórquez. Autor de ‘El Txoko de Bori’ y columnista habitual de ‘Blog de Bori’.