El viernes se formó un pequeño revuelo a cuenta del nuevo medio CTXT (Contexto y Acción). Resulta que en el editorial del jueves pidieron el voto expresamente para el Ángel Gabilondo (PSOE) en la Comunidad de Madrid y Manuela Carmena (Podemos) en el ayuntamiento de la capital. Se trata de una práctica bastante extendida en Estados Unidos (y otros países), pero que en España no se produce. Al menos no tan abiertamente. Si algo caracteriza a España es su falta de coherencia en muchos de sus paisanos. Dicen una cosa y hacen otra. También está lo de decir las cosas con la boca pequeña “no se vayan a pensar que…”.

A raíz de esto surgió un debate bastante interesante en Twitter sobre la conveniencia o no de pedir el voto abiertamente para cierto candidato o partido. Se pueden hacer múltiples interpretaciones. Personalmente prefiero que me lo pidan abiertamente a que se escuden en una falsa objetividad o imparcialidad que, de facto, no existe. Todos sabemos de qué pie cojean todos los periódicos, donde se estilan los editoriales (además de Pedrerol), pero ninguno pide el voto de manera clara, aunque hacen campaña a su manera.

Al respecto de la independencia de los medios de comunicación, pedir el voto para cierta formación no es faltar a ese compromiso. Es más, creo que hay otro tipo de impedimentos que provocan esa parcialidad que tanto tratan de evitar al meterse en el fango político. La publicidad es la mayor carga a la hora de informar sobre ciertos temas. La imagen de ‘El Corte Inglés’ no suele verse afectada por noticias negativas por la ingente cantidad de dinero que se deja en todos los medios que se dejan.

Sobre estos temas ya comenté algo hace unos meses con motivo de la portada del Banco Santander en todos los periódicos. Ahora, el tema que más rápido acude a mi cabeza es el de la huelga de técnicos de Movistar. La empresa telefónica española tiene alrededor del 90% de sus técnicos de instalación en huelga por las precarias condiciones de trabajo. Se desloman a trabajar para cobrar una pigricia y encima tienen que poner de su bolsillo en muchas ocasiones. Además, son una de las caras más visibles de la empresa (aunque trabajen para terceros en muchos casos) y los que tienen que aguantar mayor carga de problemas. Yo reconozco que la mayoría de técnicos que han venido a casa son encantadores y muy currantes. Así que me solidarizo con ellos en la medida de mis posibilidades.

Viñeta de Manel Fontdevila para eldiario.es (CC).

Viñeta de Manel Fontdevila para eldiario.es (CC).

El párrafo anterior venía a que he visto muy pocas noticias al respecto de esta huelga en los medios de comunicación. A cambio, Movistar inunda las páginas de los periódicos y los anuncios de la televisión. Está presente con un gran despliegue en casi todos los formatos y eso me hace recelar. No digo que esté mal, pero el financiarse con dinero de terceros puede hacer que aceptes unas condiciones implícitas que mermen tu independencia. Lo mismo pasa con las pequeñas radios locales que sobreviven gracias a la publicidad institucional. Cuidado con criticar al que te da de comer porque te puedes encontrar sin recursos de la noche a la mañana.

Como siempre digo, el problema del periodismo es el dinero. La falta de él, concretamente. Si tuviesemos dinero como para olvidarnos de problemas económicos, otro gallo cantaría. Para hacer bien las cosas hacen falta recursos y la mayoría de veces falla eso. Otras, esa manera de conseguirlos imposibilita hacer las cosas bien o como se deberían. Anoche empecé a ver ‘Daredevil’ la genial nueva serie de Netflix (recomendadísima, ya os hablaré de ella) y hace un fabuloso repaso a la situación actual del periodismo. Se trata de vender, punto. 

Y al lector tampoco le interesan ciertos temas. Es más interesante el color de la posible nueva línea de metro de Hell’s Kitchen que un nuevo actor en el juego de las bandas mafiosas del barrio.

En fin. Que todo es un problema de pasta. La independencia se consigue mediante el dinero. Ese cuento se aplica también a la política. Primero el dinero, luego lo demás.