En las últimas semanas me han preguntado varias veces por qué leo y comparto noticias de ‘El Huffington Post‘. Si no me lo han preguntado lo he dicho yo para ponerlo como ejemplo. La verdad es que es algo muy sencillo. El periódico en sí y el formato no me gustan demasiado y no me parecen nada de otro mundo, de alguno antiguo si acaso. Hay muchas cosas criticables que no me gustan ni interesan. Por ejemplo, las noticias con fotos sobre ‘bichitos’ o tonterías varias que van intercalando con informaciones más serias.

En cuestión de blogs, al margen de la remuneración, no me interesan la mayoría. En parte por las firmas, en parte por los titulares de los posts que no me llaman la atención. La comunidad de blogueros del Huffington Post, que según he estado mirando, no es muy activa y no participa en exceso. Y parte de la importancia de este diario digital es la participación y la interacción con los usuarios. Es ahí donde radica mi ‘afición’ a este medio.

Mi razón principal para usar ‘El Huffington Post’, digo usar y no leer, es la integración y ‘salida’ que tiene a redes sociales e Internet en general. Si usamos un simil, sería como una ciudad ganada al mar, al Cantábrico (que es más bonito). El resto de diarios digitales no tiene una situación distinta, es más costoso compartir cualquier noticia en mis distintas redes sociales (Twitter o Facebook). Con el HuffPost solo tengo que dar a un simple clic o modificar el texto que viene dado, pero no tengo que dar cuatro o cinco pasos, entre ellos el loguearme de nuevo en la red en la que quiero compartir la noticia.

Saben que su público sale de las redes sociales y con las facilidades para compartir, viven. Y por la simplicidad y facilidades que dan en ‘El Huffington Post’ es el medio ideal para eso, compartir. No entiendo cómo hay periódicos online con los que hay que ‘pelearse’ para poder  compartir. Lo han hecho tan fácil y accesible, recuerda la cuenta y la mantiene sin problemas y te anima a que envíes sus noticias a tus amigos y seguidores.