Llevo unos días viendo ese tuit entre la marea de ellos que me llegan. Y a partir de ahí me ha surgido la reflexión y posterior comentario que cada vez se retuitean y siguen a más empresas para intentar conseguir un regalo. Desde hace bastante tiempo intento no mezclarme en este tipo de acciones. No me importa retuitear según qué cosas, pero trato de evitar los concursos que impliquen el RT y seguir a esa cuenta, no me gustan nada. Como tampoco las competiciones de popularidad en redes sociales como suelen pedir en muchos casos.

Recuerdo que hace unos meses, repasando las noticias y eventos próximos en la web de mi facultad, encontré una beca muy interesante para acudir a la Cumbre de Río+20 en Brasil. Pintaba genial: viaje, alojamiento, manutención, portátil para usarlo allí y la experiencia de una cumbre mundial. Y Brasil en junio, principios del invierno. Todo perfecto. Hasta que lees las bases de la convocatoria y te das cuenta que un 40% reside en la cantidad de tráfico que puedas redirigir a su web y la calidad del debate que consigas suscitar. Vamos, dar el coñazo a tus contactos en redes sociales para que te paguen un viaje de una semana a Brasil.

Y es ahí donde me pregunto, ¿cuánto valoramos a nuestros followers? Tengo que decir que los seguidores me parecen la parte menos importante de la ecuación en redes sociales, el número de ellos, no la interacción, que es la más importante. ¿Valoramos lo suficiente a la gente que nos sigue cuando repetimos hasta cansarnos algunos tuits? Cierto es que el botón de unfollow está ahí, pero puede que sea algo pasajero y el usuario sea interesante, todos nos ponemos pesados, el primero yo.

Puedo pensar lo mismo de un evento concreto, pero en esos casos se puede entresacar algo interesante o, simplemente, resignarte y esperar a que pase. Yo entiendo que soy muy cansino en algunas charlas y tuiteo en exceso. Pero otra cosa muy distinta es ir tocando las narices a todo el mundo para conseguir algo gratis. Se puede llegar a ser muy pesado para ganar concursos de popularidad (por ejemplo los Bitácoras, ahí me incluyo, aunque sé que no lo voy a ganar) o camisetas, libros, pegatinas… Puede que un solo RT para entrar en el sorteo no sea tan malo, al menos no lo es comparado con los que piden acciones concretas, votos o cualquier otra cosa. Normalmente suelo pasar por el aro con gente a la que aprecio y me cae bien, pero a la larga me resulta tremendamente cansino y pesado.

Fuente: Elestenoticias.com

Y también entra en la ecuación el valor que les das a tus seguidos. Si sigues a una cuenta para entrar en un sorteo (bases de muchos de ellos), ¿no piensas en qué puede aportarte al margen de una oportunidad para un viaje? Y lo mismo va para las empresas, ¿solo les interesan los números? En muchos casos es así, pero ¿qué sentido tiene para la marca, no digo los números, ese tipo de estrategia? Se ve que no se reflexiona antes de hacer las cosas o se deja hacer lo que se quiera. Lo dicen los teóricos de Internet, las redes sociales no están para vender, están para mantener contacto con el cliente. Y se acaba fallando en ese tipo de acciones y, a la larga, generando una repulsa en algunos clientes potenciales por dar el coñazo en Internet.

Al hilo de esto, ayer conversaba con @davfernandez en Twitter sobre la importancia de los followers. Creo que para un usuario la importancia debería radicar en la conversación y el aporte que puedan hacer esos followers, pero al final, para el escaparate, lo que resalta es el núnero de seguidores. A mi me pasa mucho, la gente tiende a medirme por los 5000 followers más que por la relación que puedo tener con ellos o el análisis de quiénes son. “Joder, 5000 followers, ¿cómo tienes tantos?”, en mi caso suelo responder: “No lo sé”. Y es verdad, Realmente me paro poco a pensar en quién me sigue y por qué. Al final, lo que me importa es con quién converso, sobre qué y por qué.