Me he acostumbrado a actualizar siempre sobre las mismas horas: a partir de las 5:30 de la tarde. ¿La razón? Sé Lo Que Hicisteis… y The Office. Bueno, también ayuda el hecho de que me paso la mañana dormido. El caso es que me he malacostumbrado a actualizar desde lo que yo llamo “el despacho de exterior”, que no es otro que la terraza, de la que han salido algunas fotos. Cargo durante toda la tarde el ordenador para tener la batería completa y poder salir al despacho para leer los blogs de la gente y actualizar el mío.


<- Mira el cielo desde mi despacho

El problema es que en esta pequeña parte del mundo, a algún ser superior, no le gusta que tomemos el sol, por eso nos da veranos de lo más majos, pero para quedarse en casa vegetando. Ayer hizo un día precioso, como anteayer, días de salir y decir, que bien se está hoy en la calle. Pero hoy la cosa ha cambiado radicalmente: el cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará?, el buen desencapotador que lo desencapote, una ovación del pueblo fijo que se llevará. Y es que hemos pasado del precioso y alegre color azul al repugnante y contaminado (por decir algo) gris del invierno. El caso es que hace fresco, estoy pensando en levantarme y ponerme una sudadera para no pillar algo mientras escribo esto.

Las nubes negras que encapotan el cielo algorteño ->

Por eso no me gustan los vernos aquí, siempre tienes que hacer dos planes, uno si hace sol y el otro por si llueve. Eso en el sur no pasa, sabes que no va a llover y si lo hace, tienes mucha mala suerte. Pero este es el precio de vivir cerca del Paraíso. Porque para mí, el pueblo donde vivo (bueno pueblo, el 5º municipio más poblado de la Comunidad Autónoma Vasca) es algo cercano al Paraíso, aunque no niego que debe de haber sitios también cercanos en otras partes del mundo.

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Teléfonos

Los teléfonos para mi son unos cacharros insólitos, como la tele. ¿Cómo es posible que por un fino hilo pase mi voz y llegue practicamente al instante al receptor que puede estar en la otra punta del país? Como diría Marujita Díaz, ¿pero qué invento es este? Hoy día ya no hacen falta ni cables, sólo faltaba que el móvil lo necesitara, todo el mundo pasaría de llevar uno y bueno el espectáculo en la calle sería algo rarísimo:

Perdone, se le ha desatado un cordón
– Ah no, no, es el móvil, los cables ya sabe
– Sí, sí (y pensando loco)

Imaginemonos un mundo en el que el móvil, para poder hablar necesitara que se enchufase un cable a un agujero para pillar línea y hablar con la teleoperadora, como una cabina, pero con aparato propio. Sería algo muy extraño, decenas de personas agolpadas a una pared intentando comunicarse con su familia. Bendito sea el teléfono móvil convencional.

Que esa es otra, los móviles de hoy en día tienen cada vez más chismes, fijaos el iPhone, si casi puedes conducir el coche con eso. Como dicen nuestros entrañables (y odiados) jubilados, llegará un momento en que con los móviles no se pueda llamar.

Pero lo más extraño, para mí, de los teléfonos en general, son las conversaciones. La gente que gesticula cuando habla por teléfono, tío, ¿no ves que el otro no te ve?, por mucho que intentes hacer señas no las va a conseguir entender. Luego está esa gente que se dedica a dibujar mientras habla por teléfono, esas personas que tienen un Picasso o un Dalí ocultos y lo sacan a relucir mientras hablan por teléfono. Lo de Picasso y Dalí no lo digo porque pinten bien, lo digo por lo extraños que son los dibujos que nacen de una conversación telefónica.

Y ya, la frase típica de ¿qué llevas puesto?, de los teléfonos eróticos, que sale en muchas series de televisión (todavía no soy tan pervertido como para llamar a algún número de esos). ¿De verdad te pone saber lo que lleva puesto?, sobre todo porque sabes que va a ser mentira, mientras tú te imaginas una pedazo de rubia 90-60-90 con minifalda y corpiño lo que hay al otro lado del teléfono es una rubia teñida de 90-60-90 kilos en cada pierna con macrofalda y cuerpón.

Yo por lo pronto, me voy a airear (aunque esté en la terraza), así que ya sabeís, si teneis cualquier problema, llamadme al movil, que lo llevo puesto.