Lo siento, no estoy de acuerdo con los que afirman que la Liga se pone interesante tras el empate del Real Madrid contra el Valencia del domingo. No puedo admitir que en una competición en la que participan 20 equipos se ‘vuelva’ emocionante cuando el segundo se acerca al primero a cuatro puntos, pero tienen 25 con respecto al tercero. Será la octava temporada consecutiva que el tándem Barça-Madrid se alza con el trofeo. Otra vez más.

La última liga que se recuerda de algún equipo distinto al Barcelona o al Real Madrid data de 2004, el sexto trofeo del Valencia, el segundo en tres años para los chicos de Rafa Benítez. Desde entonces nadie más ha ganado la Primera División. Y por eso me enerva toda la propaganda que hay alrededor de la ‘emoción’ y “la mejor liga del mundo”.

Hace tiempo que el chiste dejó de tener gracia. El Barça y el Real Madrid se pasean por los campos de España goleando sin piedad ni misericordia al resto de equipos. No hay dinero, ni nivel para alcanzar a estos dos equipos. Recuerda, en cierta manera, a la guerra fría. Dos superpotencias que se arman y se preparan. Al final se enfrentan y solo uno sale vencedor, a costa del resto.

Así que no está emocionante, como no lo ha estado en casi una década. A principio de temporada se sabe, al menos en un 90%, que el ganador será el Real Madrid o el Fútbol Club Barcelona. Puede que haya excepciones que acaban pinchando, el ejemplo del Levante esta temporada o el Villarreal en 2008 que acabó segundo. Por lo demás, la liga no tiene mucha gracia, el resultado está prácticamente cantado.

Lo peor de todo es que por debajo está todo muy reñido. Hay tortas por entrar en Europa y no descender. La diferencia entre el sexto (Osasuna) y el duodécimo (Rayo) es de tan solo tres puntos. Seis equipos en liza para dos puestos, tres si el Athletic se clasifica por Liga. Eso es emoción. Como por debajo, que hay tres equipos hundidos, pero el resto no están salvados. Por ejemplo, el Betis, con 38 puntos está en tierra de nadie, a 5 de Europa y a 10 del descenso.

La Liga española se ha convertido en un esperpento en el que participan todos, desgraciadamente. Los dos grandes comen lo que quieran y como quieran. Ya sean los derechos televisivos o los horarios de los partidos. No se tienen en cuenta, al menos no en exceso, al resto de competidores. Y lo que es más terrible, tienen las narices de quejarse de los árbitros.

En fin, prefiero no seguir con este tema porque me pone de muy mala leche. Me quedo con lo positivo. El buen juego del Athletic Club, la final de Copa y la semifinal de Europa League. Una temporada de ensueño que, personalmente, hubiera firmando en septiembre. Espero que sigan así y este año se haga historia.