Dijo Joaquín Caparrós que hoy día una persona puede cambiar hasta de sexo, pero no de equipo de fútbol. Y eso es una verdad como un templo, como una catedral. En Bizkaia pasa algo distinto, el fútbol se vive de otra manera y, también, se juega de otra forma, se juega en San Mamés. Desde pequeños, los chavales que dan patadas a un balón sueñan con jugar en Primera. Los niños argentinos sueñan con vestir la albiceleste, los vizcaínos con enfundarse la zamarra rojiblanca y saltar al césped de La Catedral.

La conexión del Athletic con su afición es distinta a cualquier otra. No es porque se anime como nunca sin importar el resultado, ni porque resista el paso de los años en la máxima categoría, ni siquiera por ser el único equipo de renombre de la provincia. El sentimiento rojiblanco viene por su filosofía, cada vez más laxa, pero filosofía peculiar al fin y al cabo. Jugar con jugadores de la zona, ya no digo de la casa, hace que los aficionados sientan más cercanos a los jugadores, a pesar de las enormes diferencias que los separan. Y ese calor se suele ser bien recibido por los futbolistas, puesto que no lo encuentran fuera de San Mamés.

Es por eso, que cuando salgo de Euskadi o hablo con gente de otros equipos sobre fútbol, siempre acaba derivando la conversación en el fichaje de Llorente, o en el Javi Martínez, o en el de Muniaín. Al final, siempre acabo contestando lo mismo, que lo que se vive en Lezama y en La Catedral no lo paga ningún título. La posibilidad de conseguir un título, aunque sea pequeño como una Copa del Rey, con el Athletic no es nada comparado con una Champions con otro equipo. Lo normal es que un equipo sea una afición, aquí es una religión y quien da recibe.

Gaizka Toquero celebrando un gol en San Mamés / Foto: AthleticClub.net

Ese es el caso de Gaizka Toquero. Toquero, un jugador que llegó en 2008 procedente del Sestao River, en 2ªB, sin experiencia en Primera y que fue cedido al Eibar en la temporada 2008/2009. Ese invierno, ‘JokinCaparrós decidió repescarlo de su cesión y encandiló a La Catedral. El ‘2‘ no es un jugador con gran técnica, ni dotado de mucha clase, tampoco tenía mucho toque cuando llegó, pero se ganó el respeto, el cariño y el calor de la afición a base de esfuerzo y pundonor. Un jugador con pocas características punteras, salido del infierno del fútbol de bronce, donde el juego es rudo y poco glamuroso, consiguió encandilar a toda una hinchada con esfuerzo, dedicación y presión, mucha presión.

El caso de Toquero es el del ‘sueño americano’ en el fútbol. Pasar de no ser nadie a que 40000 personas coreen tu nombre al unísono. Entrar, por derecho propio en los libros de Historia por ser el último jugador del Athletic en marcar un gol en una final de la Copa del Rey. Por ser el primero en marcar en una final tras 24 años de ausencias. Por dejarse la piel en el campo cada domingo, entrenar y callar, por ser un ejemplo de superación personal para los chavales.

Toquero, al igual que el Athletic, no es solo un jugador, es una filosofía, un modo de vida. Gaizka Toquero dice mucho sin necesidad de palabras. Es de los pocos jugadores de la plantilla actual que tiene una carrera universitaria, su dedicación al fútbol profesional tiene algo de fortuna y mucho de trabajo y esfuerzo. No estaba en su mente el dedicarse a esto, aunque seguía intentándolo con la esperanza de conseguirlo.

Por eso Toquero es un valor y es un referente. Es difícil que se le cuestione o se le ponga en duda, porque siempre trabaja para el equipo, aunque no tenga su mejor partido, da todo lo que tiene por sus compañeros. En la grada es, junto con Gurpegi, el jugador más querido, porque hace lo que tiene que hacer y no da que hablar. Toquero genera buen rollo.

Y por eso es distinto, por eso es querido. Tanto el Athletic como su afición son distintos a cualquier otra de su entorno. San Mamés es, realmente, un lugar de pelegrinación y éxtasis religioso cuando hay partido. Las calles se llenan de banderas y camisetas, no solo en Bilbao, en toda Bizkaia. Los bares se llenan para ver los partidos, si se gana la gente tiene otra cara el lunes por la mañana, ha ganado el Athletic, se nota hasta en la venta de periódicos. El Athletic es algo distinto y el único sitio donde un futbolista como Gaizka Toquero tiene cabida. La afición lo sabe, por eso lo mima, por eso lo quiere y cuando sale corea, con 40000 gargantas al unísono (y lo que no se oye): “ARI, ARI, ARI, TOQUERO LEHENDAKARI“.