El sábado pasado fui invitado por la comunidad de Igers Bilbao e Igers Euskadi a un pequeño viaje por el corazón de la comarca del Goierri en Gipuzkoa. Se trata de una zona enclavada entre las sierras de Aizkorri-Aratz y Aralar con Beasain como, tal vez, la población más conocida de la zona. En esta comarca, por ejemplo, está la localidad que da nombre a la denominación de origen del queso vasco más conocido y apreciado: Idiazabal. Y ahí es donde acordamos reunirnos con los distintos grupos de instagramers del resto de Euskal Herria.

Como digo, la visita comenzó en el pueblo de Idiazabal y como buenos vascos, nos fuimos al bar más cercano para empezar bien la ruta. Jon, nuestro guía y persona al cargo de @GoierriTurismo, nos contó que la denominación de origen proviene de ahí porque era donde se organizaba un mercado para la venta del queso en la carretera que conectaba Francia con Madrid y por ahí pasaban los viajeros. Así, el queso vasco se empezó a hacer conocido en todo el país con el nombre del lugar donde se compraba. El Idiazabal se elabora en todo el País Vasco y Navarra, por lo que no es un producto muy constreñido a una delimitada zona geográfica, más bien son las características del mismo lo que le dan la denominación de origen.

Ovejas latxa pastando en Ondarre.

Ovejas latxa pastando en Ondarre.

Desde Idiazabal nos acercamos al agroturismo de Ondarre, en Segura. Allí, Eneko, hijo de los dueños del caserío, nos explicó el proceso de elaboración del queso Idiazabal y del cuidado y mantenimiento del rebaño de ovejas que mantienen en la propiedad. Hijo, nieto y bisnieto (y más, seguro) de pastores, ahora se dedican a la fabricación de queso artesano (unas 1000 unidades anuales) y al agroturismo en Ondarre. Como curiosidad, el caserío lleva en pie desde el siglo XV (como mínimo) y su nombre en euskera significa “arena” porque se encuentra en el lecho del río. Ahí tienen un rebaño de 120 ovejas, más o menos, de las que sacan leche para producir sus quesos. Dentro del baserri han montado una especie de centro de interpretación del pastoreo y se pueden ver distintas herramientas de antaño para esta actividad.

Idiazabal de Ondarre en la cámara frigorífica.

Idiazabal de Ondarre en la cámara frigorífica.

El queso de Ondarre es muy apreciado. No en vano, se subastó medio queso por 13 050€ en la subasta de Ordizia de 2014, la más importante de queso Idiazabal del mundo. Y no es el primero que ganan, por lo que se trata de un queso de categoría. Se producen de manera artesana y en época de queso, se elaboran unos dos o tres al día. Los ahúman en la propiedad con leña de los árboles de la ribera. Nos comentaron que rara vez aguantan más de seis meses los quesos porque se venden todos antes, ellos si tienen algunos más curados para consumo propio, pero no para la venta porque su producción es bastante limitada y muy solicitada. Como curiosidad, suelen vender los quesos a 27€/kilo. Para la calidad que tienen (que pudimos probar) está muy bien de precio.

El portal de Zerain, una de las puertas principales de Segura y la única en esta orientación.

El portal de Zerain, una de las puertas principales de Segura y la única en esta orientación.

De Ondarre nos fuimos a la villa de Segura, una población medieval que se mantiene con ese aire. Haciendo una pequeña comparación, me recordó a Santillana del Mar, pero más pequeño y mucho más auténtico por la ausencia de tantos turistas. Para ser un pueblo pequeño, Segura tiene bastantes palacetes y una impresionante iglesia en la que no cuesta imaginarse a todo el pueblo dentro de sus robustas paredes para defenderse de un ataque. Con un centro almendrado típico de la Edad Media. Una de las curiosidades es la Cárcava, una callejuela estrecha y pequeña que actuaba a modo de cortafuegos y patio trasero de las casas. También una forma de protoalcantarillas. Muy curiosa de ver, la verdad.

La robusta iglesia de Segura. Hace honor al nombre de la villa.

La robusta iglesia de Segura. Hace honor al nombre de la villa.

Después del paseo por Segura (al que merece la pena volver a disfrutar), nos fuimos hasta las minas de Aizpea en Zerain. Allí pudimos ver tanto unas galerías de las minas de las que extraían el hierro como los hornos en los que se calcinaba y el teleférico para llevar el mineral al pueblo. Se trata de una explotación inglesa y, posteriormente, alemana. Cabe destacar la existencia de una vía muerta encima de los hornos que era el punto de llegada del mineral desde otras partes de la montaña. Una visita en mitad de la naturaleza para descubrir de dónde venía el material de multitud de estructuras de finales del siglo XIX y principios del XX.

Ojo de pez desde las minas de Zerain. Se aprecia la sobra de los hornos y el teleférico.

Ojo de pez desde las minas de Zerain. Se aprecia la sobra de los hornos y el teleférico.

Tras la visita a las minas, nos fuimos a comer a la sidrería Oiharte en el propio municipio de Zerain. De eso hablé ayer largo y tendido en el Txoko de Bori, así que os invito a leerlo. Tras la comida, para bajar un poco el txuleton, nos llevaron a una de las dos entradas de la estación de Trail en el Parque Natural de Aizkorri-Aratz. Se trata de la primera estación de este tipo en todo el Estado. Un lugar para poder recorrer las pistas propuestas. Éste es el lugar en el que se realiza una conocida maratón de montaña cada año y para consolidar esta actividad se ha creado esta estación de trail. La ruta a través del túnel de San Adrián es muy recomendable por la importancia histórica de este paso y la belleza del mismo. Si os da por hacer carreras de montaña, nada mejor que este punto para el entrenamiento.

Panorámica de Aralar desde Lazkaomendi.

Panorámica de Aralar desde Lazkaomendi.

Una vez vista la sierra de Aizkorri-Aratz desde su base, nos dirigimos hasta Lazkaomendi, una cumbre a medio camino entre la mencionada sierra y la de Aralar. Así, pudimos ver y fotografiar las maravillosas vistas de esos dos gigantes vascos. De hecho, el monte Aitxuri en la primera sierra es el pico más alto de todo el País Vasco. Después de echar unas cuantas fotos (incluido el minimundo de rigor), nos fuimos hasta Ordizia, un municipio también de origen medieval. Aquí es donde se celebra el concurso para elegir el mejor Idiazabal del año.

Ayuntamiento de Ordizia visto desde la plaza del mercado.

Ayuntamiento de Ordizia visto desde la plaza del mercado.

En Ordizia nos llevaron al Centro de Interpretación de la Alimentación y Gastronomía d’Elikatuz que hace las veces de oficina de turismo. En un edificio que acogía parte de la antigua muralla, nos explicaron que se trata de un centro con cuatro plantas. La primera es la oficina de turismo, la segunda se dedica a la Historia de la comarca del Goierri ,la tercera a la Alimentación y la cuarta a la Gastronomía y, en especial, al queso Idiazabal. Tras una interesante visita en la que vimos un poco el pasado de la zona, nos acercamos hasta la plaza de Ordizia donde se celebra un mercado desde 1512, cuando la reina Juana I de Castilla (la Loca) concede a la villa la “real facultad de poder celebrar un mercado franco todos los miércoles del año” tras un grave incendio. Así, este pueblo gipuzkoano lleva cinco siglos celebrando el mercado cada miércoles. ¡Y que dure muchos más!

Ahí terminó nuestra visita por la comarca del Goierri. Un viaje al pasado, a la zona rural de Gipuzkoa, a la artesanía, al disfrute gastronómico y a la zona más desconocida de Gipuzkoa. Cerca de la frontera con Navarra, este área fue clave en el devenir de los reinos de Navarra y Castilla al dar a luz a personajes de la talla de Andrés de Urdaneta, que trazó la ruta entre América y Asia por el Pacífico o Juan Bautista de Orendáin, secretario de Estado de Felipe V. El Goierri hay que conocerlo mejor y dejar que te descubra. Yo os lo recomiendo encarecidamente.