La industria del videojuego es joven. No mucho, pero lo es. Este 2016 es el año del aniversario de muchas de las franquicias más conocidas de ese mundo. 30 años del primer The Legend of Zelda, 25 años de Street Fighter II, 20 años de Resident Evil PoKéMoN, por poner algunos ejemplos. ¿Diríamos que una persona con 30 años no es joven? Pues eso pasa con los videojuegos. Con el auge de esta industria se ha creado una serie de negocios accesorios de diversa índole como las tiendas de videojuegos, las plataformas de servicio para ventas digitales o, como no podía ser de otra forma, la prensa especializada.

En febrero se lanzó la quinta iteración del genial juego de lucha de Capcom Street Fighter. El título de peleas ha causado una auténtica revolución en Internet por varios motivos. El más discutido es la falta de contenido de lanzamiento. El juego se presenta sin un modo Arcade (el clásico de la segunda entrega donde ibas luchando por países y personajes), sin el modo Historia o sin la tienda para comprar personajes y vestuario. Bastante alucinante si tenemos en cuenta que algunos de ellos llegan este mes y el juego ha salido por casi 70€. ¿A qué viene todo esto? Básicamente a que los jugadores han puesto el grito en el cielo y han castigado bastante la puntuación del juego en Metacritic. Un 3.2 sobre 1o por parte de los usuarios. Un 7.7/10 de la prensa especializada. Hay bastante diferencia, ¿no? Curiosamente, desde New Game Plus (donde colaboro de vez en cuando) han decidido darle un 6Street Fighter Vmuy parecido al 5.6 de los jugadores.

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Estas circunstancias y otras parecidas con Splatoon (juego de tiros de pintura de Nintendo con una estrategia de lanzamiento similar) junto a una pequeña reflexión en el podcast de Vandal.net me han llevado a pensar sobre el futuro de la prensa especializada del videojuego. En esa reflexión, uno de los redactores del portal hacía una defensa de no cambiar las notas de los análisis una vez puestas y he ahí donde yo veo el mayor error de todos.

Con el cierre de varias webs dedicadas a todo esto (la última Game Trailers) y la búsqueda de una manera de ser distinto al resto y evolucionar en el mundo de la prensa para hacer algo distinto que atraiga lectores, revisar cada cierto tiempo los juegos podría ayudar bastante. ¿Que Street Fighter V sale con poco contenido, pero con una base brutal? Se dice y se puntúa en consecuencia. En junio, cuando se lance el modo Historia, lo puedas probar, jugar y quemar, vuelves a abrir el análisis, añades los cambios y varías la nota en función de las nuevas impresiones.

¿Tiene sentido darle un a un juego que llegue medio vacío, aunque con mucho potencial y que seis meses después de su lanzamiento es tan bueno e interesante que lo convierte en un imprescindible? Nadie sabe cómo será en el futuro, igual las actualizaciones se lo cargan. Igual lo mejoran, como pasó con Destiny y The Taken King. ¿No debería evolucionar la prensa del videojuego a un ritmo similar al de la industria que promueven? Todo esto sin entrar a valorar la calidad de algunas de las noticias que se publican o los vídeos de los que se hacen eco.

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Sí, creo que un sistema de análisis revisable. Incluso con los años. ¿Por qué no hacer revisiones de juegos de anteriores generaciones para marcar si aguantan el paso del tiempo? Sabemos que Ocarina of Time es una obra maestra, como lo fue en su día Final Fantasy VII, pero a día de hoy son mecánicas desfasadas y toscas. ¿Le quita mérito al juego en su momento? Para nada, pero visto con perspectiva puede ayudar a que las nuevas generaciones se acerquen a clasicazos. Por ejemplo, he empezado a jugar a The Legend of Zelda. A Link to the past y me parece una maravilla, entiendo su repercusión en su día y el nivel de fans que atesora. Y eso que lo juego en un emulador casi 25 años después de su lanzamiento original para Super Nintendo. Bueno, igual echando la vista tan atrás me he pasado un poco, pero bueno. Deberíamos empezar a ver un sistema revisable.

La nota no debería ser lo importante en un análisis, de acuerdo, pero es lo primero a lo que vamos. Yo el primero. Es un vicio bastante malo, lo sé, pero no lo puedo evitar. Además, si el texto es lo importante, cuando hay actualizaciones del juego y no se anotan en el análisis, ¿cómo vamos a saber si mejora o no la propuesta del desarrollador? Sinceramente, creo que este sistema revisable sería un win-win para la prensa y los lectores. De hecho, he decidido instalar uno en mis críticas gastronómicas del Txoko de Bori, pero bueno, eso lo explico otro día. Lo dicho, creo que el siguiente paso que deberían de dar los medios especializados en videojuegos es el de ofrecer unos análisis revisables y más pegados al consumidor final, que es quien lee y para quien se escribe. ¿Es Street Fighter V un juego de pero con contenidos de 4? Pues ya se cambiará el texto y la nota cuando la desarrolladora decida sacarlo todo. ¿Que el juego es muy bueno e interesante, pero necesitas un season pass de 60€ para disfrutarlo en su conjunto? Pues valora ambas cosas por su cuenta, que habrá gente que no quiera pagar 130€ por el juego. ¿Qué más da? Total, hablamos de medios digitales (en su mayoría) que no tienen problemas con la extensión de los textos, ni la cantidad de los mismos, ¿no?

Añadido a posteriori

¿Y qué pasa con los juegos episódicos? Tenemos ejemplos entre nosotros como los de Telltale Games o el reciente Life is Strange. Juegos que cobran todo el sentido cuando están completos, aunque también tienen su gracia jugarlos esperando el nuevo episodio… Un ejemplo que me viene a la cabeza es el próximo Hitman. La nueva entrega del Agente 47 vendrá en diferentes episodios, misiones y contratos. ¿Cómo valoramos el juego? ¿Por todo el conjunto, por la primera misión…? Si la primera misión es mala, pero el resto son muy buenas y el juego en su conjunto (cuando esté completo) es bueno, ¿qué pasa? ¿Se queda con la mala nota inicial? ¿Se reseñan todas y cada una de las misiones? Es tiempo de innovar y mejorar el servicio que ofrecen los medios especializados y estar a la altura y al nivel de la industria. La evolución debería de ser algo parejo, no asimétrico.