Ayer, con noctunidad y alevosía, nos enteramos de la siguiente pieza en el plan maestro de Zuckerberg para convertir a su empresa matriz en la dueña de nuestro tiempo de ocio en Internet. Instagram (propiedad de Facebook desde 2012 por la que pagó alrededor de 1000 millones de dólares) ha lanzado una funcionalidad nueva muy similar a la característica estrella de Snapchat: contenido público, pero efímero. Las fotos y vídeos que subas a Instagram Stories, como se ha bautizado el nuevo servicio integrado, se borrarán y dejarán de estar accesibles al público pasadas 24 horas de su publicación.

Con esta novedad, la fugacidad del contenido se convierte en un valor a tener en cuenta en Internet. Llevándolo un poco al extremo, se podría llegar a decir que la Red es el la autopista de la información efímera y, por ende, el papel se convierte en refugio de la perdurabilidad. Digo de Internet porque llegado el momento, es complicado sacar a la luz ciertos contenidos de hará seis años de manera casual, sin tener que buscarlos previamente. Sobre todo cuando hacen referencia a las redes sociales. Si bien Guillermo Zapata ha demostrado que el contenido social no es tan efímero, en principio el papel aguanta más el paso del tiempo.

Leía hoy un post de Toni Castillo (@tonienblanc), una reflexión sobre el papel y los medios de comunicación. En él habla sobre cómo cree que el papel se deberá reconvertir hacia el análisis. Que el modelo de noticia diaria en papel no tiene sentido. Máxime cuando estás publicando lo mismo, en algunos pocos casos más actualizado, en la web varias horas antes y de manera totalmente gratuita. ¿Será el papel la solución a la crisis del negocio del periodismo? ¿Abandonar el sensacionalismo del clickbait y abrazar el análisis, los reportajes y, en definitiva, la calidad del contenido será la tabla de salvación del periodismo? Todo es posible, desde luego.

Evidentemente, el papel no es la panacea de todos los males. Aún así creo que se trata de una de las mejores opciones para que los contenidos tengan una mayor pervivencia. Sinceramente creo que el papel está bastante lejos de morir todavía. No solo por la gran cantidad de usuarios activos de este soporte, también por todas las ventajas que ha tenido y mantiene hasta el día de hoy. No olvidemos que se trata de una tecnología con unos cuatro milenios de antigüedad. ¡Algo tendrá!

A nivel personal, mi uso del papel va por rachas. Últimamente bajo bastante a la playa y es mucho más cómodo bajar con un periódico o una revista semanal para pasar el tiempo que con la tablet y pelearte con el sol para consumir cierto tipo de contenidos. Bien es cierto que veo a mucha gente con eReaders. Cómodo y ligero para bajar a tomar el sol entre baño y baño (txonbo en Euskadi). Soy amante del papel y me gusta disfrutarlo. Tal vez sea mi romanticismo hacia ese soporte, pero creo que todavía le queda mucha batalla.

Mientras las redes sociales tienden a volverse más efímeras, el papel se revisiona con mejores ojos. Siempre ha sido así, en cierta manera. Decía @pixelillo el otro día que una de las formas de sacar dinero con tu blog (o contenidos) es sacar un libro. El Rubius, Wismichu, LovelyPepa, Isasaweiss, 1sillaparamibolso, Vegeta777 y demás generadores de contenidos para millenials en Internet me dan la razón. Han acabado publicando un libro (cuanto menos) en papel. ¡Ese soporte muerto y de viejos! Lo que escribes en papel permanece, no lo borra tan rápido el paso el tiempo. Cuando va a salir en papel se piensa muy mucho lo que se escribe y se repasa mil veces para no cometer fallos (y al final, cae alguno), mientras que suelta lo primero que se le ocurre en Internet. Que estaba muerto decián. Estaba de resaca.