Como ya os comenté en la primera entrega de mis desventuras por Copenhague, continúo con lo pendiente. Lo dejé tomándome un zumo fresquito de naranja y atacando un bocadillo de lacón. Desde la zona del Marmokirken me decidí a pasear por la ciudad libre de Christiania. Ahí me perdí y tan solo bordeé la zona. No llegué a entrar y poder disfrutar de esa pequeña maravilla de la que todo el mundo habla. Entre el calor y el cansancio, no quise adentrarme más, así que me puse a vagabundear buscando un café para refrescarme y un poco de WiFi para informar y subir algunas fotillos y esas cosas. Así que andando y mirando el mapa vi que el Boulevard H.S. Christensens estaba en línea recta, ahí me dirigí.

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La travesía es algo larga, pero da la oportunidad de ver un poco más la parte menos turística y más ciudad. Por el Boulevard Amarger vas vislumbrando distintos edificios. Incluso pasas por delante del casino de Copenhague, con cierto aire a rancio de Las Vegas. Al llegar al puente Langrebo, me escabullí un momento para tomarme un café con leche digno del museo de los horrores. Estaba rico, no lo niego, pero la forma de servirlo era de las más extrañas que he visto nunca. Vaso de papel largo, unos 33 cl., café hasta poco más de la mitad, cubitos de hielo pequeños, al estilo de los refrescos del McDonald’s y me ofrecen el cartón de leche para echarle yo. Eso sí, al sol, con un poco de WiFi y buenas vistas al canal se disfruta todo un poco mejor.

Tras el pit-stop crucé el puente y poco a poco llegué hasta la Gliptoteca NY Carlsberg. Es el museo de escultura de la ciudad y el edificio es muy bonito. De esos que impresionan y animan a sacar todo tipo de fotos. Algunas esculturas adornan el paseo y según pasas de largo empiezas a oír gritos provenientes de la manzana de enfrente. Ahí se ubica Tivoli, el parque de atracciones más antiguo de Europa. ¡Y en pleno centro! Recuerdo que hablé con Verónica (@Verownika) del viaje y me dijo que tenía que ir. Como no tenía mucho tiempo, pasé por delante y me maravillé con las entradas antiguas, que me dejaron con ganas de más. Tengo que volver para poder visitar en condiciones dicho parque.

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Me encantan los LEGO. Y la empresa es danesa, así que de pronto me entraron ganas de visitar una de las tiendas oficiales en su país de origen. Me fije que en el mapa me venía un anuncio de la misma con el horario. El domingo cierran a las 17:00 (el resto de días una hora más tarde) y eran las 16:45h. No me daba tiempo, cachis. Así que seguí andando cerca de Tivoli y me encontré con la plaza del Ayuntamiento. Ahí aproveché la ocasión para sacar más fotos, sentarme un rato a admirar la zona y solidarizarme un poco con los palestinos que protestaban por la situación en la franja de Gaza. Sin demasiados planes en la cabeza me decidí a volver al hostel a descansar un poco. Para llegar, según el mapa, podía cruzar la calle peatonal más larga de Europa: Strøget

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Me adentré en la calle y caí en una de sus tiendas de souvenirs para comprar algunos detalles. Seguí por la calle y me di cuenta de su utilidad, puedes cruzar el centro de Copenhague por aquí casi sin problemas. Está llena de tiendas de grandes marcas, de recuerdos y alguna que otra cosa. Aquí se localiza el museo del récord Guinness o la tienda de LEGO. Una gran fuente en medio y alguna que otra iglesia marcan el recorrido que está lleno de turistas y muchos locales de restauración. Si una de los límites de esta calle es la plaza del Ayuntamiento, la otra es Kogens Nytorv, que ya mencioné en la primer parte. Para volver al hostel, solo tuve que desandar el camino.

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Cansado como estaba, me tomé otro café y me puse a leer un poco. Así fue como descubrí la existencia de la Rundetårn o torre redonda. Cerca de mi alojamiento y con una entrada más o menos barata: 25 coronas (3’4€), tenía pocas excusas para no ir. La torre cuenta con un observatorio en la parte superior y un impresionante mirador donde se ve toda la ciudad. Una vez subí, estaba tan bien con unas vistas tan magníficas y cogía de vez en cuando el WiFi de eduroam, decidí quedarme un buen rato. Saqué un montón de fotos y me senté a ver cómo iba bajando el sol. Desde ahí, incluso se llega a distinguir el puente que une Dinamarca con Suecia. Aunque casi finalicé mi visita en la torre, casi hubiese sido interesante subir por la mañana para ver todo un poco bien.

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Al bajar, volví al hostel y me preparé para ir a cenar. Estuve buscando una buena hamburguesería para ir a cenar y que estuviese abierta en domingo. Encontré Cocks and cows y ahí que me fui tan feliz. Eso lo cuento en el Txoko, que es más dado a la crítica de restaurantes que este blog. Salí pasadas las diez y media de la noche y ya había oscurecido, aunque tampoco demasiado, la verdad. Me volví y me dormí. Lo que pasó al día siguiente, lo contaré en la última entrega.