No soy muy dado a viajar, ya lo he dicho en varias ocasiones. En parte por falta de fondos, en parte por pereza, en parte por dificultades idiomáticas. El caso es que este verano he podido aprovechar y salir unos días del país. Hacía más de una década que no salía de la península para nada. Viajé con la compañía Norwegian Airlines que es la única que vuela en Europa con WiFi gratis, al menos eso comentaron. ¡Y no veáis lo bien que viene! Bueno, al lío.

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Estuve menos de 24 horas en la capital de Dinamarca, pero me dio para hacer muchas cosas, entre otras, visitar casi toda la ciudad. Al llegar al aeropuerto de Copenhague, me dirigí hacia el tren por donde indicaban las señales. Por 72 coronas (9’65€) puedes comprar un billete de ida y vuelta a la ciudad. El mismo aeropuerto también sirve a la ciudad sueca de Malmö, por lo que tienes opción de ir a esa ciudad, a dos paradas. Ambas están conectadas por el famoso puente de Oresund. En Copenhague, me  bajé en la estación de Nøreport y me perdí, como debe ser. Gracias al maravilloso WiFi gratuito de un McDonalds frente a la estación pude localizarme (que tampoco sabía dónde estaba) y el hostel. Gracias a Booking encontré el Generator Hostel de Copenhague. Para llegar hasta allí tuve que rodear el cuartel general de las Fuerzas Armadas danesas y un par de parques donde empecé a vislumbrar el danish way of life.

El Generator Hostel se encuentra junto a la zona antigua de la ciudad. A escasos minutos de varios puntos de interés turístico. Es un edificio entero de seis plantas dedicado, como digo, a dar un servicio de habitaciones, en muchos casos compartidas. En la primera planta, la recepción, también cuentan con un bar y una gran terraza. Con el WiFi gratuito en todo el recinto, la verdad es que se convitió en un centro de operaciones buenísimo. Tras realizar el check-in y dejar el exceso de peso en la habitación, decidí salir a dar un paseo por la ciudad e ir conociendo Copenhague. Tenía menos de 24 horas, así que debía de ser rápido.

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Mi gran amigo durante la excursión fue el mapa de papel que ofrecían gratuitamente en el hostel. Un mapa muy cómodo y manejable que indicaba el nombre de las calles en un lado (ideal para ubicarse) y los puntos de interés en otro. Así que lo cogí y salí a ver qué podía hacer en la capital de Dinamarca. Mi primer destino fue el Nyhavn, que significa “puerto nuevo”. Para llegar ahí tenía que pasar por otro de los puntos reseñados en las guías, la Kogens Nytorv o Nueva Plaza del Rey. Ahí se encuentra el Teatro Real o el Palacio de Charlottenborg. En la plaza se pueden ver distintas perfonmances, una de ellas es el llamado #HappyWall donde gente de todo el mundo va dejando sus mensajes en el muro. Muy curioso. En el centro de la plaza hay un kiosco que hace las veces de cafetería. Según he leído, se trata de la primera cabina telefónica de la ciudad.

Dejo atrás la Kogens Nytorv y llego al Nyhavn. Un gran canal, repleto de gente, desde el que parten los barcos turísticos y las calles comerciales están repletas de bares y restaurantes. El sol pegaba fuerte y ya empezaba a hacer calor, así que los daneses se habían tirado a la calle a disfrutar del verano. La calle estaba abarrotada, pero se podía pasear y disfrutar de una de las zonas más turísticas de la ciudad. Me dio tiempo a hacer un minimundo y todo.

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Siguiendo el mapa, quise encaminarme a ver ‘La sirenita’, uno de los monumentos más famosos de la ciudad. Para llegar hasta allí tenía que pasar por varios puntos reseñables. Entre ellos el palacio de invierno de la familia real danesa: el Amalienborg. Es una plaza con cuatro palacios y entradas por cada hueco. No saqué muchas fotos de esta zona. Aunque todavía tuve que pasar por el impresionante Royan Danish Playhouse, un anexo del teatro de la Kogens Nytorv, pero frente a la bahía con unas espectaculares vistas. Toda esa zona estaba llena de gente disfrutando del día y las vistas. Una zona de esparcimiento muy buena. Atravesando esa zona y el Amalienborg, llegué al Churchill Park, donde se encuentra la iglesia de St. Alban y la fuente de Gefion.

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De ahí a ‘La Sirenita’ no hay mucho camino. Bordeando el puerto hasta llegar a la pequeña estatua. Puedes aprovechar el camino para admirar el Kastellet, una fortificación militar en el centro de una isla con forma parecida a una estrella. ‘La Sirenita‘ es un monumento pequeño inspirado en el cuento de  H.C. Andersens e inaugurada en 1913. La centenaria estatua está entre las rocas y te puedes acercar y sacar fotos con ella. Es complicado porque siempre está a rebosar de turistas.

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De ahí me dirigí al mencionado Kastellet. Es una de las fortificaciones de la ciudad y una de las mejores conservadas del norte de Europa. Se empezó a construir en 1625 y se mantiene casi cuatro siglos después. A día de hoy se utiliza como parque y zona de ocio, además de por su interés histórico. Tienen un molino de viento y varios edificios barrocos muy interesantes. La zona me gustó para pasear y sacar fotos. ¡Incluso un minimundo!

 

Al salir de ahí me dirigí de nuevo hacia el centro de la ciudad y aproveché para ver más de cerca el Marmokirken (iglesia de mármol). Una impresionante iglesia con la cúpula más grande Escandinavia, inspirada en la de San Pedro del Vaticano. Un edificio impresionante que llama la atención. Se ve claramente desde una de las salidas de la plaza del palacio de invierno. Asombra y, ciertamente, recuerda a a de Roma. Poco después, paré a tomar un zumo de naranja fresquito y comer un bocadillo de lacón que traía de casa. Os seguiré contando mis aventuras por Copenhague en el próximo post.