El viernes, 31 de octubre, se celebra Halloween, la noche de las brujas. Con las películas y la influencia estadounidense lleva unos años implantándose en España la tradición de salir a celebrar el truco o trato y ese tipo de cosas por las calles al más puro estilo de Hollywood. Y claro, mucha gente ya ha salido a realizar el deporte nacional en este país: quejarse. “Que si mira qué hacen” “los americanos nos están comiendo la cabeza” “nos están americanizando”. Espero que no lo digan mientras toman una Coca-Cola o comen en una cadena de restaurantes estadounidenses.

De hecho, me parece muy gráfico e inteligente el comentario de @Garrafa que está justo encima. Ambas fiestas (31 de octubre y 1 de noviembre) sirven para lo mismo de dos maneras distintas, al menos en el fondo. Sí, una de ellas se ha diluido mucho (¿fiesta homeopática?), pero no se deja de realizar por lo mismo. De hecho, en muchos colegios e institutos, los profesores de inglés aprovechan la fascinación que despierta esta celebración entre los niños para dar sus clases. A mi no me parece mal, es una de las consecuencias de la globalización (para bien o para mal). Es casi como el Carnaval, que se utiliza para lo mismo (salir de fiesta disfrazado) cuando ya ha perdido todo el sentido original.

De hecho, me parece mucho peor lo que sucede al día siguiente. El 1 de noviembre es fiesta en todo el país, fiesta conocida como Día de Todos los Santos. En un reino nominalmente laico, seguimos con fiestas por cuestiones católicas. ¡Y nadie se escandaliza! Sí, algunas de ellas (Navidad) se pueden achacar a tradición más que a religión, pero tienen su vertiente poderosamente sacra. ¡Y somos laicos! De hecho, casi sería mejor trasladar el 1 de noviembre al 19 de junio por el Día de la Proclamación del Rey. Es más laico, por lo menos.

Otra cosa más es que Halloween puede ayudar a mejorar la situación de diversos comercios locales. Por ejemplo, en mi barrio, unos cuantos bares se han unido para crear una macrofiesta y repartir premios de disfraces. Tres premios buenos. Un crucero, un jamón de pata negra con vino reserva y copas y una estancia para Port Aventura en la categoría infantil. Los bares Saniko, La Plaza, Maggie’s Farm y Burdinola de la Plaza de San Nicolás de Algorta se suman a la noche del terror y quieren promover la diversión y el buen rollo con gente disfrazada. Pocas son las oportunidades socialmente aceptadas para hacerlo.

Yo no voy a celebrarlo porque la gente disfrazada no está entre mis cosas favoritas, pero no me importa que la gente lo haga y no voy a poner el grito en el cielo. “¿Qué va a ser lo próximo? ¿Celebrar Acción de Gracias?”. Pues no estaría mal, una manera de reconciliarnos con el pasado y reconocer el genocidio y el saqueo de América desde 1492. Pero no, no estamos para hacer cosas coherentes. ¿Que me das una comisión? Ahí que voy.