Se ha montado una buena en Twitter (y parte del resto del Internet español) por el reportaje que publicó El Confidencial de la otra cara de la figura del stagier en las cocinas de la alta gastronomía de nuestro país. Si no lo habéis leído, deberíais, primero por contexto y segundo porque es un buen reportaje. Como digo, ha levantado una buena polvareda. Muchos consideran una práctica deleznable la que realizan en esas grandes cocinas. Tener una persona trabajando de 16 a 17 horas sin cobrar realizando labores similares a las que podría tener un cocinero en plantilla no está muy bien visto. Aunque depende para quién. Se dice entre los cocineros (o aspirantes a serlo) que lo mejor para aprender es eso, jornadas maratonianas en los mejores restaurantes. Se dice que la cocina (u hostelería) es otro mundo y la legislación está muy por detrás de lo que debería en este tipo de prácticas.

Sinceramente, no veo tanta diferencia entre ser stagier o becario en un medio de comunicación cualquiera. Después de acabar la carrera (o para hacerlo, de hecho, tema créditos) prácticamente todos mis compañeros y yo mismo hicimos prácticas en algún medio de comunicación. Y casi todos desde el primer día sustituímos a algún trabajador de la plantilla que se iba de vacaciones. Y digo sustituir porque el trabajo que se realizaba (y supongo que se realizará) es el de un trabajador más de la empresa, pero a mitad de precio. ¡Si es que se cobra! Al menos el stagier no tiene que pagar alojamiento y manutención. Que no sé cómo hay gente que se podía permitir unas prácticas fuera de la residencia familiar si tenías casi 8 horas de trabajo por 300€, no te da la vida para tener un segundo empleo con el que pagar los gastos ocasionados por las prácticas. ¡Y eso si te pagaban!

Mi situación tampoco ha cambiado demasiado. De hecho, ahora mismo sigo de becario en una pequeña empresa con un contrato irrompible por parte del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). Una de estas iniciativas de fomento del empleo en este país que lo fomentan a base de condiciones pelín lamentables. No me quejo de la empresa en la que estoy, porque me han facilitado todo lo posible y más. Me quejo de las condiciones que fija el Ministerio de Empleo para un programa de fomento de la contratación. ¿En serio quieren seguir creciendo por debajo del salario mínimo interprofesional? Porque así estamos.

En todas partes cuecen habas y a los becarios “nadie les pone una pistola en la cabeza para que acepten”. Es gracioso que eso siempre lo digan los que los contratan con condiciones poco favorecedoras. Evidentemente no nos ponen una pistola en la cabeza, pero habitualmente suele ser aceptar eso o la mierda más absoluta. No se escoge por gusto, se hace a regañadientes. A nivel personal considero que los contratos de formación deberían ser una cosa totalmente diferente a cómo se llevan actualmente. Por mucho que se aprenda de stagier o periodista becario, si tu empleador (sea Jordi Cruz, El Correo o Cadena SER) saca algo hecho por ti para lucro propio, no es formación. Será experiencia, pero ahí hay gente que se está lucrando con mano de obra barata. Si todo lo que haga el chaval dispuesto a aprender se lo comieran los cocineros, se tirara a la basura o rondara por la redacción como ejemplo y se publicara bajo condiciones de colaboración (pagando el texto aparte), no habría ningún problema. Pero si tienes un 50% de la plantilla de becarios y su trabajo sirve para generar ingresos en la empresa, estás tirando de condiciones pobres.

Me hace gracia el comentario del televisivo Jordi Cruz (el malo) sobre que si pagase a todos los que tiene en plantilla el restaurante no sería rentable. ¡No te jode! No pago los impuestos porque no es rentable para mi negocio. No pago a proveedores porque, ya sabes, si lo hiciese tendría que cerrar. ¡Manda cojones! Si no es rentable, cierra. O sube precios. O arréglatelas. Tú sabrás, pero no te escudes en que tu negocio no es rentable. Nadie te puso una pistola en la cabeza para que abrieses un restaurante y fijases ese rango de precios.

Al final, creo que en esto de las condiciones laborales pasa como con la piratería. Siempre se piratea lo que menos te gusta pagar, pero no te quieres quitar de ello. Yo no pirateo videojuegos (a excepción de para probar si me van a funcionar en el ordenador porque no han sacado una demo), ni música. En el primer caso, no me merece la pena, están baratos y quiero pagar a los desarrolladores. En el segundo, no me interesa lo más mínimo y con Spotify voy sobrado. En las empresas pasa un poco parecido. ¿Qué hay que pagar para seguir abierto y qué merece la pena ahorrarnos? Pues si puedes tener 5 empleados más pagándoles una mierda, adelante. A menos que te importen las condiciones y prefieras trabajar más con menos gente. Ahí decide el empresario.

Para cerrar, simplemente comentar esta noticia del DEIA cuyo titular dice: “El 58% de los becarios en el Estado no tiene remuneración“. Muy posiblemente ese titular haya sido rebozado por un becario de Editorial Iparraguirre tras una nota de prensa de EFE y haya buscado la foto de Jordi Cruz para ilustrar la nota. El maravilloso mundo del becario.