Así pues, en respuesta a la pregunta planteada al principio de este post “en la Europa Occidental de hoy en día, ¿es posible que se repita en el poder una formación de ultraderecha?” es un rotundo y claro SÍ.

Europa se encuentra en estos momentos en un estado de crisis en la que el final se ve lejano, posible, pero lejano, y una persona carismática que diga por activa y por pasiva que va a salvar el país, reestablecer la seguridad, conseguir el nivel de vida anterior a la crisis, puede entrar muy bien en los oídos de la gente. Si a ello le añades un buen aparato de propaganda puede que llegue al poder.

Los ciudadanos están cansados de los dirigentes que no hacen su trabajo, han perdido la confianza en la política y los casos de corrupción no ayudan mucho a mejorar la imagen global del político, por lo que una persona ajena a este mundo, pero con serias aspiraciones podría llegar a conseguir algo importante.

Un ejemplo claro se puede ver en España. Este es un país muy extremista, se elige a uno o a otro, depende del punto de vista, un partido es el bueno y otro es el malo. En el año 2008, el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) ganó las elecciones y José Luís Rodríguez Zapatero obtuvo una segunda legislatura. Este hecho demostró que el país estaba bastante conforme con cómo el gobierno socialista había hecho las cosas, un apoyo de la mayoría de la población. Pero debido a la crisis la derecha política, encarnada en el Partido Popular (PP) ha ganado muchos puntos en las encuestas y en este momento se hayan por delante del PSOE en intención de voto, es decir, si hoy se celebraran elecciones en España, el Partido Popular las ganaría y, presumiblemente, Mariano Rajoy sería elegido Presidente del Gobierno. Cierto es que el PP no es un partido de extrema derecha, pero no es dificil imaginar que se pudiera presentar alguno con auténticas posibilidades de conseguir algo serio. El auge de la cadena ultraderechista Intereconomía es impresionante y aunque se trate de decir que no, España aún mantiene abiertas viejas heridas de la Guerra Civil y la extrema derecha se oye mucho, a pesar de que sea minoritaria, por lo que no sería descabellado pensar en algún ministro de ultraderecha en un futuro próximo.

Si por el contrario miramos Europa, el panorama no varía mucho, en los grandes países de la Unión Europea gobiernan dirigentes de derechas y algunas provincias comienzan a tener representantes de ultraderecha, como es el caso de algunas provincias alemanas. Por poner un ejemplo, los ultraderechistas han conseguido un 9,2% de los votos en la región de Sajonia.

Este alza se debe, fundamentalmente, a la llegada de inmigrantes de todas partes del mundo. Los ciudadanos empiezan a sentir el miedo y el odio hacia los extranjeros y creen que la mano dura del ala derecha del espectro político podrá conservar sus empleos de esos trabajadores que hacen lo mismo por la mitad de precio. La xenofobia es un punto importante de la ideología filofascista y tratan de crear un temor generalizado contra los inmigrantes para captar votos. En España se puede ver, pero las estructuras de estos partidos son tan pequeñas y débiles, en estos momentos, que no consiguen crear revuelo, más allá del anteriormente citado canal de televisión ultra Intereconomía.

No debe de extrañar el rotundo sí, respecto al poder de la extrema derecha si se mira hacia Francia, donde en 2002, el Frente Nacional, partido dirigido por el polémico Jean Marie Le-Pen alcanzó la segunda ronda de las votaciones. Ahora mismo la ultraderecha francesa se descompone, desmostrando la importancia de un líder carismático que consiga sobresalir entre la marabunta de gente y candidatos para marcar la diferencia que le lleve al poder. No es descabellado, por tanto, pensar que la derecha radical pueda alcanzar puestos de importancia, por ejemplo en Suiza, el xenófobo y ultraderechista Ueli Maurer es el Ministro de Defensa del país.

Por esas razones creo que la derecha puede llegar al poder, de una manera moderada, en un periodo más o menos corto de tiempo. Se dan las condiciones socioeconómicas que facilitaron la llegada de Mussolini o Hitler, existe un enemigo común, el inmigrante y en menor medida la izquierda reformista con el aborto o el matrimonio entre homosexuales como bandera, sólo falta un candidato carismático y capaz de hacerse valer entre la marea informativa. La derecha radical no está tan dormida como parece y en cualquier momento puede asestar el golpe definitivo para hacerse con el poder.