Ayer, mientras cenaba, leí en ‘El País’ la noticia que a José Andrés, un conocido cocinero español afincado en Estados Unidos le habían dado un premio. Una de las especialidades de su restaurante en Washington, Jaleo, son las tapas, algo típico de aquí. La noticia acaba comentando que Andrés quiere crear un ‘Instituto Culinario Español’, imagino que será algo parecido al ‘Instituto Cervantes’, pero con comida. El caso es que al leer este texto y ver el fin de semana que he pasado en compañía de los Nomaders, he pensado un poco en la comida y en las distintas formas que hay de disfrutarla y degustarla.

Me di cuenta de la cantidad de maneras que hay de comer. La comida tradicional de restaurante, basada en lo que siempre se ha hecho en casa, pero servido en un local. Lo experimentamos en El Arandia de Julen, un local en el barrio de Atxuri, cerca del Casco Viejo de Bilbao, en el que disfrutamos de una alubiada muy maja, con un guiso de ternera y un postre casero riquísimo. Algo clásico y típico, pero que no está nada mal. El sitio se podría considerar un restaurante normal, sin mucho pijoteo, ni nada por el estilo, típico restaurante de menú del día.

La siguiente manera de comer es la ruta de pintxos. Por el centro antiguo de la capital vizcaína recorrimos varios bares para degustar sus creaciones. Aquí se mezcla lo típico y tradicional con lo más moderno y vanguardista. Puedes encontrarte desde pintxos de merluza frita o una gilda (aceituna, anchoa y guindilla ensartados en un palillo) hasta ‘cocina de autor’ y degustar la última creación gracias al nitrógeno líquido, la llamada ‘c0cina de las espumas’. Esto tiene un componente social  muy importante, se puede decir que las rutas de pintxos inventaron el networking, porque la gente se junta en bares a comer, beber y pasar un buen rato.

Pudimos estar en el Bascook, un elegante restaurante, que llamó la atención de todo el mundo, por su diseño. En él comimos un menú elaborado para la ocasión que no dejó de sorprender a nadie, cada uno con su smartphone o cámara para poder dar envidia a sus amigos en redes sociales. Esta es ‘cocina de autor’ propiamente dicha, basada en los detalles, en el buen gusto y en la presentación. No hay que negar que salimos satisfechos, pero el tamaño del plato puede ser muy pequeño para la gente que acostumbra a comer mucho. Esta es una cocina que levanta odios y pasiones en casi todas las personas, con firmes opositores y notables partidarios, pero aunque no contente a todos es el futuro del restaurante. Además, en el caso propio del Bascook mantienen un blog y una cuenta de Twitter para contar todo  lo que se les ocurra.

La comida típica, pero presentada y cocinada de una manera diferente nos llevó hasta el Teatro Campos, en pleno corazón del Ensanche. En la planta quinta, una por encima de la sede de la SGAE en Bilbao, el Atril 20Uno, nos ofreció una cena completa que tenía platos locales como la porrusalda o el bacalao a la vizcaína, mezclado con el rissotto o el solomillo a la plancha. Situación para comer tranquilamente y charlar con alguien. Suele ser el típico escenario para cenas románticas o de grupos que no quieren gastar mucho y comer bien.

El caso del Palacio Urgoiti es particular, al celebrar bodas y tener una cocina bien preparada, lo que comimos fue realmente un brunch, por lo que los platos eran pequeños, de ‘diseño y muy rico, variado y condensado. También tenemos la comida rápida que puedes encontrar en cualquier lugar y de manera rápida, de ahí su nombre y, por último, la comida de la amatxu, la tradicional, tradicional y casera. Las recetas típicas elaboradas en casa y de la mejor manera,

Sea como fuere, está claro que comer es una actividad que se hace en casi todas las celebraciones, no solo está arraigada a nosotros, porque es una función básica, si no que disfrutamos de ella en compañía. Pocas cosas hay tan gratificantes que el poder sentarse a la mesa con unos amigos y disfrutar de una tranquila y placentera charla.

Un saludo.