Y desperté cansado. Pocas horas de sueño a lo largo de la semana que se juntaban para hacer de ayer, un día duro, aunque se convirtió en uno de relax, a cachos. Todo empezó en Bilbao, coincidí con Egoitz (@egocast), miembro de Nomaders (@nomaders) y buscamos al resto del grupo, los encontramos en una pastelería desayunando, desgraciadamente era el único lugar abierto en la zona. Tras preparar todo nos metimos en los coches y partimos rumbo Mungia para llegar al Palacio Urgoiti, no sin antes pasar por el aeropuerto y dejar a @elpachinko y su familia que volaban rumbo Alicante. Tras dejar a los pachinkos llegamos al fantástico palacio.

Nos recibieron con un zumo de naranja y la explicación de distintos puntos del lugar. El palacio fue trasladado de lugar, piedra a piedra hasta el emplazamiento actual, existe una capilla que está siendo remodelada, los restos de una trinchera de la Guerra Civil y una especie de cantera, formada por las piedras interiores del edificio que no fueron utilizadas finalmente. Nos han contado una curiosa anécdota y es que cuando se decidieron a trasladar el palacio, guardaron los planos en la oficina del arquitecto en el Casco Viejo y las piedras en un almacén de Llodio, ambas estancias se inundaron y se perdió casi todo, finalmente se reconstruyó con la ayuda de todas las personas que lo habían conocido, como si fuera un puzzle. Sin mucho tiempo fuimos a la clase de golf.

 

Parte de los daños bélicos.

Aquí hay que mencionar que el Palacio Urgoiti  dispone de un campo de golf, de nueve hoyos, la mitad que un campo normal y sin mucha longitud, aunque haya que recorrerlo dos veces. Muchas risas, en mi caso poco acierto, pero una experiencia curiosa y entretenida que nos ha dejado buen sabor de boca. Como tampoco la visita al hotel, a ver qué hay. Un hospedaje muy interesantes, con grandes baños, terracitas y buenas vistas, la verdad es que es un lugar de lujo. Tras eso hemos parado a comer, un brunch, que parece ser comida de pie, porque íbamos cogiendo, al gusto, lo que iba apareciendo por la sala. Hemos seguido conversando sobre el hotel, el golf y más cosas intrascendentes, antes de recibir una dulce sorpresa: el postre. Lo veis en la foto de abajo, se trataba de una tarta con forma de maleta y unas magdalenas personalizadas, todo a base de azucar. Buenísimo y curioso.

 

Y oficialmente, ahí terminó el Evento Nomaders, unos cuantos marcharon para sus casas, pero otros, con ganas de más, nos fuimos directos a San Juan de Gaztelugatxe, a subir hasta la ermita, que tiene buena cobertura. La bajada hasta el principio de las escaleras no fue muy dura, la ascensión tampoco en exceso, la vuelta fue lo peor, lo que destrozó y mató, metafóricamente, a los que quedábamos. Mucha foto en esas grandes vistas y hasta un video de la ascensión que ya editaré y subiré. Allí, en Gaztelugatxe murío el Evento Nomaders en Bilbao, exitoso y victorioso tras subir los escalones. Una gran cita que trataré de repetir cuando tenga oportunidad, pero no lo voy a decir todo aquí, escribiré un post al respecto.

Ha sido un día duro y concentrado, pero no ha dejado de ser muy cañero y divertido, la esencia Nomaders. Ahora solo queda esperar, tanto a las fotos y los vídeos, como a que se organice otro evento de este estilo. Me lo he pasado genial, como un auténtico nomader. Un saludo.