A las 8 y media de la mañana empezaba el día, comenzaba la segunda jornada del ‘Evento Nomaders’. Una hora después, con afeitado de la Gillette Fusion ProGlide (que funciona genial) incluído, he bajado a juntarme con el resto de la tropa y desayunar. Tras llenar el estómago y despejar la mente de la segunda mejor forma, el café, hemos ido al Museo de reproducciones, en el barrio de San Francisco, pasando por el ‘Conjunto Vacío’, un after con la música a todo trapo a las 10 de la mañana.

En el museo hemos hecho una especie de salmuera para aceitunas, con ingredientes básicos, a base de una receta del Antiguo Egipto, pero no el de Mubarak, la receta la colgaré en unos días. Tras la cocina faraónica visitamos brevemente la exposición, con reproducciones interesantes como el Moisés de Miguel Ángel o la Victoria de Samotracia. De ahí bajamos a la antigua mina, donde llegaba el mineral extraído en las cercanías, vimos el puente de San Antón, con la Iglesia y el Mercado de la Ribera. Con una explicación de la historia de la villa nos introdujimos en el Casco Viejo, por la calle Ronda y dimos con los restos de la antigua muralla.

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Seguimos caminando hasta la tienda ‘Alma de cacao’, un establecimiento chocolatero que hará las delicias de los más golosos. Tras probar un poco de chocolate de peta zetas, experiencia interesante, y degustar algunos productos de la tienda, que crean ellos mismos, y algunas compras salimos para llegar al Museo Vasco, frente al tiovivo de la Plaza Unamuno. Ahí nos llevaron a ver la maqueta de Bizkaia, algo anticuada (faltaban cosas, se realizó en los ochenta y la provincia ha cambiado mucho desde entonces). Visita al patio y para fuera, que no nos dejaron hacer fotos, aun sin flash.

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La catedral de Santiago, el teatro Arriaga, la plaza del Arenal, el Ayuntamiento, la obra de Jorge Oteiza, ‘Variante ovoide de la desocupación de la esfera’, el puente del Ayuntamiento y por Abandoibarra hasta un gran local, el Bascook, donde Aitor Elizegi, el cocinero, nos ha dado la bienvenida al antiguo almacén de sal y ha explicado sus curiosidades. La comida ha sido cuantiosa y de excelente calidad, un gran lugar para juntarse a comer con unos amigos, un local más que agradable y un trato exquisito. Todos los ingredientes para hacer de esta, una comida especial, del estilo Nomaders. Si tenéis curiosidad por los platos, os remito al Foodspotting.

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Corriendo, sin tiempo para el café y, por supuesto, tampoco para la digestión, nos hemos encaminado hacia Zorrozaurre, el primer destino vespertino. A contracorriente con los aficionados que iban, en masa y marea, hasta San Mamés, a ver al Athletic, hemos llegado hasta el trenecito que nos ha transportado por el antiguo barrio industrial. Una importante reconversión, que cada día avanza más y, desde ámbitos oficiales, se potencia en gran medida el trabajo y desarrollo de artistas y creativos en antiguas fábricas. El Zawp es uno de los más importantes. La visita por Zorrozaurre ha terminado en susto, porque @turiskopio se dejó el bolso en la entrega de premios literarios a la que hemos acudido.

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Con más retraso que el resto, fuimos a una de las librerías ‘Tintas’, en la calle General Concha, el paraíso para los usuarios de libros y cuadernos de viajes. Aquí he hecho un alto en el camino, he cruzado la carretera y me he tomado un refrigerio en el Eme, un clásico de la ciudad. De ‘Tintas’ a una de las joyas de la corona bilbaína: la Alhóndiga.

Todo lo que se diga de este sitio es poco. Personalmente me encanta, es un edificio muy peculiar, divido en tres cubos ‘flotantes’, sujetados por columnas con distintos decorados, y dedicados a tres cosas distintas. La guía, Verónica, una chica muy guapa, simpática y habladora nos ha explicado todos los entresijos del centro multicultural. Parada técnica en el ‘stand’ de Vueling, que celebraba el vuelo tres millones, recorrimos las columnas, los pisos (con sala de exposiciones, auditorio y sala polivalente), para acabar en la impresionante terraza con unas vistas inmejorables. Tras despedirnos de Verónica nos hemos armado de valor y descargas, hemos ido al Teatro Campos, que la mitad de la propiedad es de la SGAE (la otra del Consistorio). La cena (sí, hemos comido mucho) se desarrolló en la quinta planta, en el Atril20uno, un piso por encima de la sede de la SGAE.

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Y con eso hemos terminado el repaso al día de hoy. Nos vemos en el siguiente, a ver qué os parece. Un saludo.