– Cuanto tiempo sin verte.
– ¿Perdone? ¿Nos conocemos?
– Claro, soy el comentarista de los partidos de fútbol, ya sabe, “ese mamarracho subnormal que no tiene ni puta idea de nada”.
– Hombre, es que si no lo dice así no caigo. ¿Y qué haces por aquí?
– Ahora que tengo vacaciones, he decidido vengarme de todos y cada uno de los hijos de puta que me han tocado los cojones en Twitter durante la temporada.
– Y ese camino le conduce aquí, por lo que veo.
– Así es, querido.
– ¿Y qué me vas a hacer?
– Te dejo elegir: hostia en la cara o patada en los huevos.
– Difícil elección, no sé por cuál decidirme.
– Pasa mucho, no te creas.
– ¿En serio? ¿Y la gente qué suele elegir? Para orientarme un poco.
– Mitad y mitad, más o menos, no hay ninguna que destaque sobremanera.
– ¿Puedo pensármelo? Es que sigo dudando. ¿No existe la opción de que me dejes en paz?
– Te has estado descojonando a mi costa toda la puta temporada. ¡Qué mínimo, joder!
– No, si tienes razón. Ya he decidido: patada en los huevos.
– La opción valiente, el dolor es más intenso.
– Al contrario, es la opción cobarde.
– ¿Tú crees?
– Sí, la hostia en la cara deja marca y la gente va a preguntar. Soy un tío sincero y tendré decir lo que me ha pasado y es triste responder que el que comenta los partidos en la tele me ha partido la cara.
– ¿Y con la patada en los huevos no pasa eso?
– No tanto, mis cojones no los ve tanta gente como mi cara.
– ¿Y qué va a pasar si te quedas estéril?
– Siempre puedo inventar una historia truculenta sobre ello.
– ¿Y el andar? A estas alturas he pegado unas cuantas patadas, sé que la gente no se marcha andando igual que cuando llegó.
– Mira, en eso no había pensado.
– No creas que es un asunto insignificante, se nota que te ha pasado algo. Y no muy bueno si me apuras.
– Joder macho, es que no sé qué elegir.

¿Qué eliges: patada en los huevos u hostión en la cara, bofetón con anillos y todo?