Las palabras que van a vertebrar y alimentar el post de hoy no son mías, no tengo tanto conocimiento como para expulsarlas, pertenecen a un maestro, del que os hablaré otro día. Hoy solo quiero dejar constancia de dichas palabras, que repito, no son mías, su autor y dónde encontrarlo lo veréis al final de la larga cita. Impactantes y reales…

En mi opinión, la desaparición del mundo campesino del globe es una de las más grandes paradojas del mundo contemporáneo, porque producimos una cantidad de comida cada vez menos en proporción a una población en continuo crecimiento. La liquidación del mundo campesino, que es un fenómeno social y económico a escala mundial, consiste en un acto suicida global. Mi especialidad es África y puedo decir que se trata de un proceso típicamente suicida al que la humanidad se abandona algunas veces: el continente que tiene cada vez menos comida y cada vez más habitantes está liquidando la clase campesina y lo está haciendo muy rápidamente. En la práctica, una gran pate de la humanidad vive de las ayudas; y con estas ayudas que estamos enviando a Ruanda y a otros países estamos creando una situación trágica: una clase parásita de refugiados a escala mundial, que son alejados de sus pueblos, de sus campos, de su ganado, internados en campos de refugiados y alimentados por organizaciones mundiales -algunas de las cuales están completamente corruptas- a las que va a parar nuestro dinero, nuestros impuestos. Estamos creando una clase de millones y millones de personas, los llamados refugiados, que consiguen sobrevivir sólo si las ayudas siguen llegando, porque son incapaces de volver a casa y de producir, dado que han dejado ya de aprender el arte de la producción. Esta clase de parásitos, que cuenta ya con cuarenta o cincuenta millones de seres humanos, sigue creciendo, cada año y con cada guerra. Nos encontramos cada vez más enmarañados en este círculo vicioso que ha provocado, por ejemplo, en torno a las grandes ciudades africanas, campos de refugiados cuyos habitantes son cada vez más numerosos y sobreviven sólo gracias a las ayudas de los países industrializados. Son incapaces de emprender una vida distinta porque están acostumbrados a recibir estas ayudas y a depender de ellas pasivamente.  He visitado estos campos bastante a menudo. Estuve en los campos de refugiados de la frontera entre Etiopía y Somalia precisamente el año pasado, donde viven trescientas mil o quinientas mil personas. Cada una de ellas recibe tres litros de agua para todo, para cocinas, beber y lavarse, y medio kilo de maíz. Y viven con esto. El agua es transportada por ochenta y dos cisternas Mercedes y, si las carreteras están cortadas o no hay gasolina, el agua no llega al campo y la gente muere al día siguiente. Estamos creando, mediante este alocado mecanismo de las denominadas organizaciones humanitarias, un problema inmenso para la humanidad, liquidando la clase campesina y haciendo a la humanidad cada vez más dependiente de la burocracia de las denominadas organizaciones humanitarias. Lo que dice John (Berger) sobre la defensa del mundo rural significa que si seguimos liquidando la clase campesina, muy pronto nos encontraremos ante una situación trágica.

Ryszard Kapuściński

Los cínicos no sirven para este oficio
Sobre el buen periodismo (Editorial Anagrama Compactos)
Págs 109, 110 y 111