Más de 30 millones de kilómetros cuadrados, más de 1.000 millones de habitantes, aproximadamente 1.300 lenguas distintas, pueblan el continente africano. África, la cuna de la vida según los expertos, el lugar desde el que se empezó a poblar la faz de la Tierra. África ha vivido en un conflicto permanente desde el principio de la Historia y el clima que vive ahora no es ninguna excepción. Los países europeos empezaron a repartirse y rifarse los territorios y al marcharse lo dejaron hecho un desastre, con fronteras trazadas al tuntún un una cantidad de problemas que habían generado y no han conseguido solucionar. El caso más cercano es del Sahara, territorio español desocupado rápidamente y que reclama su independencia de Marruecos.

Mapa del reparto de África en 1910 (Wikimedia Commons, CC)

En los últimos días se ha celebrado un referendum en Sudán del Sur para certificar su independencia, aunque el estado se creó el 2005. Este tipo de trifulcas, conflictos independistas, son los que más dañan África, porque las culturas están mezcladas, los países no representan a la población y unos se intentan imponer por la fuerza a otros. Las cuestiones secesionistas responden a un intento de mantener el máximo poder posible de los gobernantes, mientras que grupos de población tratan de huir de los lugares de conflictos. Vuelvo a una larga cita que publiqué hace un mes de Kapuscinski “estamos creando una clase de millones y millones de personas, los llamados refugiados, que consiguen sobrevivir sólo si las ayudas siguen llegando”. No interesa formar y enseñar a esas personas, escuchar y tratar de ayudar, pacificar África. Muchos de las personas que mandan, que no lo hacen, solo tienen el título, han sido aprobadas por el Primer Mundo, una larga lista de personas de dudosa reputación, muchos militares, que tenían el visto bueno de la “civilización” porque hacían poco ruido y afirmaban con una sonrisa. África es una anarquía, no hay más que ver Somalia, donde el gobierno no pinta nada y en multitud de países, si no son dictaduras, los dominios del gobierno no llega más allá de la capital.

Y vivimos de ellos, vivimos de lo que nos dan y nos importa un comino. Si la información fuera real estos conflictos llenarían páginas e inundarían portadas, no se las relegaría a la ignorancia, a menos que sea algo tan ‘noticiable’ que no quedara más remedio que sacarlo. El proyecto de Sudán del Sur solo ha tenido cierta repercusión porque el actor George Clooney ha estado allí asegurándose que el mundo conociera la situación del país, pero lo que ha importado no es la celebración de un referendum, no, para nada, lo que importa es que Clooney ha contraído la malaria. No nos preocupamos porque la malaria sea una enfermedad terrible y mortal en esos países, que no lleguen vacunas o que éstas tengan un precio tan abusivo que no se puedan pagar.

Reconozco que soy de esas personas, a las que no les gusta pensar que estamos aplastando y matando personas para poder vivir bien, para comer tres veces al día, por la luz, la televisión y por Internet, más que nada porque si viviese así, no sería vida, agobiado permanentemente. Pero a veces hay que recordar lo que pasa, hay que ayudar de alguna manera, aunque la mejor sea ir allí y ayudar como puedas. El mundo es demasiado injusto, demasiado desigual y cada vez nos quejamos más. Es cierto que somos cuatro millones de parados, pero al menos tenemos futuro, a África se lo hemos negado, en repetidas ocasiones, y no aprendemos. Por mi parte nada más, porque no tengo nada que contar, solo recordar, que mientras yo escribo esto, mientras tú lo lees, África se desangra y parte de ello es culpa nuestra.