Un título que bien podría referirse el post anterior, pero no, esta vez el blanco de mi ira no es El Hormiguero, es la publicidad  en televisión. No voy a despotricar sobre si hay mucha o no (que hay excesiva, por cierto), si no de la calidad de dichos anuncios. A la cabeza me vienen millones de anuncios horribles y horrorosos y un puñado grande, pero puñado a fin de cuentas de grandes anuncios que me marcaron.

El anuncio que me ha hecho saltar la chispa ha sido el nuevo de Sunny. Ese anuncio tratando de imitar Los Vigilantes de la Playa con tías tetonas y hombres musculados (pero depilados, no como Hasselhoff) corriendo  por la playa para dar Sunny a unos niños-jóvenes a ritmo de la canción del producto, pero con un tempo menor, más lento. Y finalmente, para acabar de odiar el anuncio y matar al grupo de publicistas a los que se les ocurrió, se oye una voz de mujer tratando de poner el acento americano, al más puro estilo Aznar y estamos trabajando en ello, para decir que hay un nuevo sabor. ¿Se puede parir ideas peores? La respuesta es de sobra conocida, si.

masmovil

Dejando a un lado todos los horribles anuncios de productos del hogar, Estrella, Don Limpio, Neutrex, Kalia (el poder está en el rosa)…, encontramos más anuncios horribles. Recuerdo los de Más Móvil, en uno salía un señor vomitando y se veía todo (asqueroso) y en otro un stripper que tenía una herramienta de trabajo pequeña (como su factura de teléfono). Anuncios horribles que me obligan a cambiar de canal cada vez que aparecen en escena. Ahora el momento de la reflexión, ¿de verdad pagan a la gente que tiene esas ideas para los anuncios? En serio me estás diciendo que hay gente que se tira cuatro años estudiando una carrera (están en la clase de al lado) para acabar haciendo semejante montón de **censurado**. Yo es que no me puedo imaginar a la hora de presentar la idea del anuncio al comité central de la empresa y decir “hemos decidido que salga un señor que vomite cuando vea la factura del teléfono, pero que se vean hasta los tropezones” o el que ha destrozado un clásico de la infancia con el anuncio de Sunny. En fin, que un trabajo digno se acaba convirtiendo en eso.

Por suerte, no todos los anuncios son así, la mayoría sí, pero no todos. Hay algunos que resisten esa mediocridad y son simplemente brillantes. Para muestra un botón, el anuncio de Heinneken.

Un saludo y recordad, ver mala publicidad, daña el cerebro.